El gato levanta la cola para que sepas que ahí termina el gato.
El gato te hace saber cuándo termina y cómo.
Los amores deberían tener cola.
Porque nadie te avisa cuando el amor termina, no levantan la cola para advertirte, no quieren y no te explican.
Los amores deberían tener cola.
Porque nadie sabe cuando se acaba, el gato en cambio, levanta la cola y marca un final limpio, una frontera exacta que no deja dudas… Ahí termina.
No hay error posible, no hay interpretación.
Los amores deberían tener cola.
Algo que se alce antes de volverse ruina, una advertencia mínima para no quedarse adentro.
Pero el amor no termina así, el amor se pudre despacio, empieza a oler distinto aunque nadie lo diga, aunque nadie lo nombre, se apaga sin hacer ruido como una luz que no vuelve y uno sigue hablando como si alguien todavía estuviera.
Los amores deberían tener cola.
Porque lo que queda no es ausencia, es algo peor, es una presencia hueca, un cuerpo sin nadie, un nosotros sin voz y uno insiste, se queda, toca paredes que ya no responden, espera una señal que nunca existió, pero el amor no avisa.
No se levanta, no se despide, te abandona desde adentro y cuando te das cuenta no es que el otro se fue, es que hace tiempo ya estabas solo y no lo supiste.
Los amores deberían tener cola.
Para no confundir la ausencia con espera, para no quedarse habitando restos como si todavía fueran casa, el amor no advierte, no se explica, se repliega como una marea que no vuelve y te deja ahi mirando un horizonte inmóvil tratando de entender dónde terminaba el otro y dónde empezabas a perderte.
Por eso, los amores deberían tener cola..
Porque algunos te dejan queriendo entender dónde terminaba el amor y dónde empezabas a estar solo.
OPINIONES Y COMENTARIOS