Despiertas, caricias, delirio, frío y mi delicada brisa azul; somos niños jugando a ganar en un mundo mudo, que ya no quiere sentir tu rocío.
Yo y mi mar corremos con pasión; solo me queda el rico sabor del fruto que me entregas, huellas de sal, huellas de arena; mis papilas se entregan a la desbordante sensación de un hielo que se quiebra.
Hoy un mes de junio de flamante viento me recuerda los labios que sienten, labios que se entregan al exquisito sabor de una corriente.
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