Al reencarnar perdemos la memoria
Recordamos el tunel, su luz
Que se transfigura y compagina
En el parto y su dolor,
Pero no el antes,
La carne y la historia,
La estrella que nos magnetiza
Y la grieta que nos justifica
En la niebla de la memoria.
El pez cada tres minutos
Olvida quien es, asi que
Vive en constante reencarnación.
Podría incluso ver a Dios
Y no poder contarnoslo,
Porque estaba
Entre el aquí y el allá,
Entre el ahora y el jamás,
Habitando en ningun lugar
Reencarnando en lo abisal del mar.
Julieta Iallorenzi
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