Nuestra historia contada, permanecerá dentro de un ánfora,
sobre el cieno.
La fruta esprimida que ocultamos,
no pudo transformarse en vino,
se convirtió en un agua ácida pendiente de los escupideros.
Bajo las estrellas cansadas,
cada árbol debería tener sus frutos maduros,
sus ramas pobladas, sus nidos colgando, su justo aleteo,
aunque no fuera primavera.
Y para cada vida, que lo precise,
un abrazo, solo para sí.
OPINIONES Y COMENTARIOS