Eres tu propio verdugo, quien desencanta sus sueños al anteponer el ego a su esencia.

El sacrificio de quien eres comienza cuando atormentas tu existencia con historias posibles, sujetas a los cuentos y juicios de terceros.

No eres la razón, eres el porqué: un baile entre tensión y pasión, una cuota de dolor acompañada por imágenes de un «tal vez» que nadie imaginó.

Al final, solo queda decir que cada uno pinta su propia realidad. Y si en tu realidad sufres cuando las cosas simplemente son, entonces te has convertido en tu mayor verdugo.

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