HOY HE VISTO TU BODA

HOY HE VISTO TU BODA

Ernest Tellols

05/06/2026

Hacía años —posiblemente seis o siete— que no sabía nada de ti. Hoy, rebuscando por la red, en YouTube, me ha aparecido un vídeo de tu boda. «Qué pequeño es el mundo», pensé. Hoy también me he enterado de que te fuiste a vivir a uno de estos pueblos con riesgo de despoblación y que, al parecer, a pesar de las inclemencias del tiempo y de lo duro del terreno, te has acoplado. No esperaba menos de ti: siempre fuiste una mujer luchadora, con carácter y, al mismo tiempo, tierna y amorosa; casi tanto como cruel o violenta cuando las cosas no salían a tu antojo, porque tú siempre fuiste una persona de dominar la situación. Encantadora, un amor. Seguro que, a pesar de que nadie te conocía, te meterías al pueblo en el bolsillo la primera semana. A raíz de este vídeo, y de descubrir tu paradero, he visto que formas parte de asociaciones arraigadas en lo más profundo de la cultura local. Vaya, como si hubieras nacido allí; también era de esperar. Has tenido descendencia y ya es mayor; diría que tiene al menos cuatro años.

Pero centrémonos en tu boda. En el vídeo he visto al que ya es tu marido. A mi humilde entender, es una persona de pueblo: honrado, trabajador y con pocas ambiciones. Vaya, todo lo que tú decías ser, pero que no era verdad. Aunque la mentira era un poco light, porque tú realmente creías ser así, aunque nunca lo fuiste. Parece mayor que tú, aunque a lo mejor se debe a que la vida en un pueblo y en el ámbito rural no es igual a la de una gran ciudad, y tanto el trabajo como el clima hacen que te erosiones, al igual que las más duras rocas. Pobre hombre, se le ve feliz. Seguro que lo es. Tú eres capaz, muy capaz, de hacer feliz a cualquier persona; casi tanto como para revertir la situación y amargarle la vida. Me consta que ya llevas unas cuantas vidas destrozadas, y tus padres lo saben. Pero son tus padres, y ya se sabe lo que hacemos los padres por los hijos. Quizás tú ahora también te des cuenta…

Pues eso: he visto tu boda. Una boda donde participaban tres, ya que hay descendencia de por medio. He visto cómo te maquillaban y, ¡coño, estabas guapa! Estabas guapa porque lo eres, y eso es una cosa que no se puede ocultar. En algunas imágenes de la fiesta que fue tu boda he visto gente, mucha gente, pero toda desconocida. Y me he preguntado: ¿dónde están aquellas amigas tuyas del alma?, ¿aquellas con las que reías las alegrías y llorabas las amarguras? No estaban. ¿Qué pasó? ¿También te aburriste de ellas? Y es que, en el fondo, tú eres muy de aburrirte de las cosas; tanto que, a veces, juegas con dos juguetes a la vez sin importarte que alguno de los dos se rompa. Sin importarte si lo que se rompe es algún corazón. Te he visto llorar en tu boda y sé que era de alegría; también sé que eran lágrimas sinceras, aunque los dos sabemos que te emocionas casi con tanta facilidad como olvidas. Te he visto bailar. Sabes que conmigo no hubieras podido, pero tu ya marido ha sido capaz de aprender para la ocasión. Eso se nota. Has aceptado regalos con risas, regalos que sé que en otro tiempo jamás hubieras aceptado. ¡Dios me libre! Tú estabas en contra de todo eso. En resumen, he visto felicidad, y mucha, en el rostro de tu marido; espero que le dure para siempre. Y que, a pesar de todo, a ti también. En el fondo, igual es lo que has estado buscando toda tu vida. Una vida muy larga y muy de buscar, a pesar de tu juventud. La foto familiar, ya con los tres, me ha parecido la de una familia encantadora. Al terminar este vídeo, ha saltado otro automáticamente: era de toros. Espero que no sea una premonición. Que seas muy feliz…

Etiquetas: epístola narrativa

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