Todo eran apenas posibilidades que colapsarían más tarde.
—¿Llegaremos? —Sin dudas. —Estábamos en camino.
No existía el tiempo. Era el día cero. Y el viaje lo habíamos planificado en todos sus detalles.
Frente a nosotros, el universo era una página para escribir nuestra historia. Las estrellas regaban su polvo; éramos apenas un sueño remoto.
De pronto, una primera inteligencia cruzó el vacío. Un planeta absorbió las energías.
Y con aquel deslumbrante acontecimiento, descendimos. Nos materializamos, y estamos aquí. Con toda la sinfonía de la vida.
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