Hay muchos diplomáticos sin diplomas,
Tantos como diplomados sin cordialidades
En sus tratos
Aunque no haya convergencia
En la opinión con el otro
Siempre hay que mantener la diligencia
En los modos.
En el siglo XXI somos civiles
Y ya no bárbaros.
Mi diplomacia no me permite
Quedar en malos términos,
Con quienes debería.
Además de mi armadura de ternura
Tengo el tacto de un cardo
Y el abrazo de un cactus
Por eso reconozco fácilmente
Las hostilidades
De las acometidas punzantes.
La grosería no alienta la empatía,
La irreverencia depositala solo
En quien equipara
Y corresponde tu ira.
Delira quien apunta
El acusador dedo,
Levanta el tono,
Choca el codo,
Hostiliza con un resentimiento
Mal dirigido
Si no es al exacto individuo
Y por justo motivo.
Me va lo especifico,
Disgusto de la ordalía acusatoria
Que te rostiza y luego pregunta
O jamás lo hace y así la verdad rehúsa.
Haciendo de sus lenguas
Sables que esgrimen endebles
Porque de fundamentos carecen.
Lo mio es corroborarlo todo
Cual método científico,
Haciendo de los supuestos
Por-supuestos.
Ese es mi nivel de escepticismo,
Sino aunque lo sepa
No me lo admito a mi mismo.
La mayoría desea tener la razón
Porque eso alimenta sus egos
A mi me agotan
Mis sentires confirmables,
De que todo mal presentimiento
Luego acabe estando en lo cierto.
Siendo un hecho factico
Y fotogra-fiable luego.
Y pese a mi incompatibildad
Por mera sensatez
Con cínicos, malevos
Ciegos y necios,
Conservo simpatía
Para quien es de mi
El opuesto.
La incapacidad para detestar
Es la capacidad más elevada
De los individuos.
La edad no es
Sinónimo de madurez.
Doy maestría
En lecciones de éticas
Para la ordinariez.
Julieta Iallorenzi
OPINIONES Y COMENTARIOS