por LeónRots. 

Una suspensión de lo no dicho hierve a fuego lento en la cocina, mientras afuera todo duele por instinto.

No sabe si es agua o aceite. 

Los dedos se sumergen en salmuera, las piernas se cruzan en complicidad con una sonrisa torcida, apenas sostenida.

Mal aprendida. 

Y la electricidad del pulso hace de las suyas entre el sueño REM y la vigilia. 

Escribe…  

Cocina amaneceres en ese filo invisible, donde el poeta besa a la muerte y nace el engendro del útero eterno.

A la misma hora en la que los  últimos  románticos  del  alba  asesinan  a  las  musas  y  los  primeros  borrachos  del  bar  declaman poesía. 

Yo me ahogo entre mis líneas.

Pero a veces al cocinero más feo le sonríe la comensal más hermosa. La que en su seno alimentará con ternura a tu primogénito; 

El único que después escribirá la última receta del crimen, en otoño o primavera según el hemisferio.

Cuando el pájaro negro ya no cante y termine la nueva guerra fría. Cuando el corazón pida palabra: diciendo mucho, hablando nada. Cuando la felicidad sea solo amor y no otra cosa. 

Cuando mis hojas y mis flores vuelvan  al  aire  o  al  agua.  

A ese lugar donde los dioses todavía discuten con los hombres, el destino de las almas. 

Maten mi olvido. 

Quemen mis poemas. 

Y si es necesario, crucifiquen mi carne a la parrilla y apaguen las brasas con vinagre de vino añejo.

Si a la historia la escriben los  dioses; que se arruine el banquete y que los románticos sigan matando musas de plástico.

Lo  tuyo  es  un  parto  real  de plasma y entrañas, una vinagreta de luces y sombras, un germen que crece con sal y con noche. 

Ahora  tu  cuchillo  es  oficio, sin desgarrar la página, sin desperdicios. Ahora es crúor de tinta oliva marinando madrugadas y flambeando palabras al ron.

Ahora es milagro y maldición a baño maría inverso. 

Si   te   van   a   crucificar  que sea con leña de los bosques y con la incertidumbre de que tal vez fuiste el ingrediente que arruinó su digestión.

Quien escribe con sangre y pimienta negra sabe que el papel no resiste el calor del fuego, pero lo expande.

La guerra fría y la social programación se mudarán de siglo.

El pájaro hará silencio, 

pero el hambre de esa voz, que «dice  mucho  hablando  nada»  quedará flotando con aroma a ron flambeado y a milagro recién horneado.

Después no digan que no lo dije; 

que la historia la cocine otro.

Yo apenas soy una palabra.

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