Seguro que si no todos, muchos de los que leéis esto tenéis la famosa caja a la que hago alusión. Bueno, no forzosamente tiene que ser una caja; y, en caso de que lo sea, puede ser de diversos materiales: madera o plástico. Cartón no, porque resultaría inconsistente.

Es como si esta costumbre de “La Caja” traspasara la barrera de la noche de los tiempos. Recuerdo de pequeño que mi abuelo guardaba todo esto en una pequeña bolsa, o capazo, hecho artesanalmente de goma de la recámara de los neumáticos de camión y cosida con grapas de alambre; con sus correspondientes asas y todo para facilitar el transporte. Una lástima, era una verdadera obra de arte que no sé dónde iría a parar, ya que parecía eterna. Indestructible.

Pero, ¿qué guarda esa caja misteriosa?

Pues, como se ve en la foto, todo aquello que nos sobra y que guardamos sin saber si alguna vez nos va a servir de algo. No confundir con la caja de herramientas; eso, como su nombre indica y si se tiene un mínimo de pulcritud, es para las herramientas.

En esta caja podemos encontrar de todo. Más ahora que muchos muebles vienen sin montar, pero llevan su aporte de tornillería, bisagras, etc.; sobre todo alguna pieza de más, por si acaso. Algún clavo; por supuesto, tacos, tornillos de rosca chapa, rosca madera y tornillos con sus tuercas. En ocasiones tampoco faltan tornillos sueltos y tuercas, también a su aire, sin saber muy bien su procedencia.

Algunas piezas llevan tantos años ahí que, en el caso del capazo de mi abuelo, muchas estaban pulidas; casi parecían niqueladas de tanto rozarse unas con otras. Es inevitable, porque muchas llevaban años allí, juntas con todo lo demás, y el roce entre ellas era más que evidente cuando lo llevaban de un lugar a otro. Dios sabe en cuántos sitios habría estado aquel pequeño bolso de goma, recogiendo sobrantes o aportando material en caso de necesidad.

Algunos tornillos siguen allí con tuercas también, que quizás nunca aprovechemos. Vemos que son tornillos de cabeza hexagonal, otros son Allen y la mayoría de ellos, aunque busques el calibre justo, cuando intentas enroscar la tuerca… ¡Vaya! No se puede.

Pero, ¿por qué no se puede? Muy fácil.

La razón principal por la que una tuerca y un tornillo del mismo diámetro no encajan es la incompatibilidad en el tipo de rosca. Hay tres aspectos principales, aparte del diámetro, que deben coincidir para que la unión sea correcta: el paso de rosca, el perfil de la rosca o el sentido de la misma. También puede deberse a otras causas: daños en los filetes (golpes, corrosión) o a que la tuerca sea autoblocante.

Una vez terminada esta explicación en la que, supongo, todos estaremos de acuerdo, cabe decir que con las personas pasa exactamente igual.

Puede que convivamos todas juntas, que nos veamos todos los días: amigos virtuales, vecinos, compañeros de trabajo o las madres y padres de los compañeros de colegio de nuestros hijos. Hay un roce más que evidente; un cruce de palabras sin profundizar demasiado: «Buenos días», «buenas tardes», «¿cómo estás?»… La sonrisa sería como el pulido de los tornillos de “La Caja”; las escuetas palabras, el roce entre ellos. Pero, aunque sean del mismo “calibre” (edad o similar), cuando intentas enroscar —profundizar en la amistad— resulta que, como los tornillos, no encajan las roscas. Algo hay que lo hace imposible; de igual manera que con los tornillos, hablaríamos de incompatibilidad.

Ninguno de los dos tiene la culpa. ¿O los dos? Porque cada uno, algún día, encontrará la rosca correspondiente que encajará. Así pues, huelga decir que esta rosca o este tornillo es malo; es, simplemente, incompatible. Bueno, en el programa televisivo First Dates hablan de que no hay feeling

No sería una incompatibilidad en la rosca propiamente dicha, aunque sí que se podría hacer un símil si intentamos cuadrar el círculo. Pero no: yo diría que sería una incompatibilidad por otras causas. Como en los tornillos, podríamos hablar de daños; de corrosión. A veces las personas nos oxidamos si estamos mucho tiempo inactivas. O de autobloqueo: sería la persona que forzó “la rosca”, sufrió daños y ahora se autobloquea. Hay un refrán muy conocido que dice que el gato escaldado, del agua fría huye. Nunca lo he comprobado; nunca se me ocurrió escaldar un gato. Uno puede ser raro, pero esto ya estaría rozando la psicopatía.

El caso es que las personas, aunque convivamos y tengamos un roce a diario, sufrimos lo mismo: como los tornillos, o como casi todo en esta vida, existe un porcentaje de incompatibilidad. Es obvio y más que evidente. Si no, todo sería maravilloso y, desgraciadamente, no lo es.

Aunque algunos digan, simplemente, que no hay feeling

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