No me enorgullezco
De lo que tengo,
Ni me apena
Lo que carezco,
Porque sé
Que la materia tiene
Fecha de vencimiento
Y todo en mí
Es una oda a lo etéreo.
No me enorgullezco
De lo que supero,
Siquiera de ser
Un milagro médico
Según los cirujanos,
Sobreviviendo
A intento tras intento
De femicidio,
No me vanaglorio
Porque el caos
No es un espejo
Que necesite para verme,
El cristal de mi alma
Sigue translúcido, intacto.
La chispa magnética
Sigue en eterno movimiento.
Porque la creación
No es una antítesis
Que se desmorona
Sin una tesis primaria,
Porque ya era una enredadera
Antes de que llegue la tormenta,
Porque ya era quien era
Antes del trauma,
No nací el día en el que la piedra
Rodó por mi camino
Yo ya era persona, passionaria,
Artista, rama torcida,
De pies a cabeza, estrafalaria.
No necesito nombrarlo
Para saberlo
Lo íntimo, lo verdadero;
El mundo externo no puede
Validarlo ni derrumbarlo.
No me enorgullezco
Ni me entristezco,
Porque hasta la sombra
Mas recóndita,
Porque hasta la luz
Más diáfana,
Hasta la punta de mi onírico
Con su propio planeta,
Desde el fondo de mi abismo
Eternamente en penumbra,
Yo me conozco.
Yo me conozco, mientras que
Los demás me imaginan.
Cual ilusión óptica
En un delirium tremens
Con sus lentes cromáticos
Me difuminan.
No necesito nombrarlo
Lo verdadero
Siempre está
Desnudo y oculto
A plena vista.
No necesito ensoñarlo:
Yo lo conozco.
Julieta Iallorenzi


23/12/2024

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