En la brisa de una mañana,
te vi aterrizar en mis labios.
Jamás pensé poder besarte;
el tiempo fue el encargado
de separarnos en distancias.
Y ahora que lates
como nunca antes,
más te alejas
con tus labios de diamante.
Entonces elevo una plegaria
para atraer tu aroma hasta aquí,
ese que alguna vez embriagó
los sentidos de tus manos
sobre mi cuerpo perdido.
Para ti soy aquello
que un día alguien llamó un lío,
cuando en verdad
solo tenía el deseo sencillo
de verte sonreír otra vez.
Y cuando las voces se apagaron,
quedaron los rasgos de tu piel,
el recuerdo de aquel anhelo,
de morder el sudor de tu presencia,
sabiendo, quizá desde el principio,
que solo seríamos una vez.
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