El temperamento es solo un momento.

La figura de los meses son palas untadas de barro,

con flores inexpertas aullando debajo de un féretro desconocido.

Parecen lobos blancos domesticados,

pidiéndole a la Luna tener más hijas.

El sepulturero, un joven  antiguo y marchito,

escupe  sobre unos utensilios que ya conoce.

Vive escondido detrás de unas gafas negras que anulan los colores,

 y así se hace inmune con los años, a llantos y reproches.

Mientras su boca se aprieta, se crispan sus manos,

y sus ilusiones se amontonan desordenadas, 

envueltas en atroces conjeturas.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS