Amanezco bajo un sol húmedo,
con pájaros salmón de voz en voz,
bailando junto al frío.
Se congela el brillo
de una flor que se derrite
bajo los pasos que sufres.
Aquí, donde el norte nace para morir en el sur,
sobre una colmena de rojos y azules,
todo se despliega en cristales
de un martes sin señales.
Adornas y entumeces
mis pestañas empapadas de nostalgia,
para una distancia breve,
una lejanía perdida
en lluvias de mentiras.
Para alguien serás el todo;
para mí, todo es poco.
Para ti, lo poco es todo,
y en lo poco, a veces, habita el exceso.
Repites, cántaro,
al ritmo lejano del tren,
que en tus barros puedo verme.
Y si la brisa no alcanza
a pintar mi vida,
en la tuya quedará dormido mi regazo,
escuchando hasta el último eco mío.
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