Cuando las palabras se quedan en silencio,
existe un grito que se apaga en la distancia.
Donde habita la luz, también descansa la oscuridad;
porque nadie puede ser consciente de sí mismo
sin atravesar la noche que le entrega la luna.
Cuando hay ausencia, la presencia se vuelve tibia y serena.
Si tuviera un color, sería el de tu piel:
un manto blanco de miel
que permanece para siempre sobre mi ser.
Sé que, al final de estas letras,
no quedará duda alguna.
En medio de tus dudas, habita mi voz;
y aunque no escuches mi canción,
tus latidos conservan el mismo ritmo
que acompasa mis sentidos.
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