El clamar por una vida sin sueños,

es escribir la tierra de su entierro.

Cuando el hombre habla de cielos,

son los mares quienes terminan mintiendo.

Hay un desvelo latiendo en noches de ciegos,

un ataque al lucero eterno,

a esa luz que nunca conoció los miedos.

Atado, ataco los pasos dados de dos en dos,

mientras cuentas los silencios

bajo un manto de cantos y relatos,

de manos que aún abrazan

los lazos de suaves rezos.

Imploro e invoco

el hechizo perdido de un loco,

para acomodar tu rostro

después del paso de los vagones.

Y sin tu anhelo,

me quedo solo,

con los bolsillos rotos.

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