En los templos del deseo, queda bajo el sol un lugar sincero, dejando en el olvido tu amor verdadero.
Cuando agoniza la melancolía, permanece, sin duda, el pálpito de un suspiro; y digo: “Oh, escudo mío, ¿dónde quedaron las noches en que giraba tu nombre junto al mío? ¿Dónde quedó el sonido de tu presencia, como una suave gota negra sobre el blanco de mis besos?”
Y si te escondes lejos, haré que el camino sea preciso, para que, cuando tengas que pintar tu olvido, el corazón quede sin latido y resurjan, en tu danza, los colores de un amor desteñido.
OPINIONES Y COMENTARIOS