No hay una perspectiva suficiente, tampoco una verdadera suficiencia en la manera de proceder.
Si al final lo que uno hace no posee un sentido trascendental, entonces también habría que preguntarse por qué trascender.
Aun así, quien se dedica a la clínica y lucha por evitar la muerte prematura debe mantenerse atento.
Pero la cautela muchas veces termina pareciendo una tranquilidad ineficiente, casi cómoda.
Tratar de evitar lo inevitable no debería hacerse desde la tibieza; tendría que ser algo audaz, directo e inmersivo.
Creo que en ese momento se divide la incoherencia: si realmente es la incoherencia de la linealidad o la simple insistencia de buscarla.
Como un camino arruinado por la tormenta en algún rincón olvidado de la sierra, o como el vagón destruido de una montaña rusa oxidada que sigue detenido bajo la lluvia, no hay nada que pueda sobrarle a aquello que ya dejó de ser.
Intentar rescatar lo que ya es nada no solo rompe la línea; termina rompiendo el propio camino.
Y aun así, el camino pareciera ya estar marcado desde antes, como si incluso la ruina hubiese estado esperando pacientemente su momento.”
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