Diría que la noche tiene esa excelencia que permite generar cualquier tipo de sentimiento y texto escrito. La luna es tan, pero tan impredecible, que nos hace dudar de adónde dispararán los sentimientos. Desconozco completamente cuál será el fenómeno encargado de esta explosión. ¿Será la cama fría en la soledad del invierno? ¿La oscuridad eterna? Mmmm, o también podría ser el silencio ensordecedor de la calle. Sigo sin descifrarlo, pero algo que sé con convicción es que los sentires más honestos surgen en este horario. La mente nos invita a jugar un gran rompecabezas; cuando el silencio domina, podemos escuchar las ideas revoleteando sobre nosotros, encargándose de disparar los afectos más sinceros. Esos mismos que creemos superados o que, conscientemente, se encuentran tapados. Los lugares más profundos de la mente, donde no queremos volver o sí, pero lastima volver ahí. El gigante rocoso se encarga de traerlos de vuelta. ¿Nos querrá enseñar algo? Será que la penumbra, si me permiten responder, nos quiere coherentes y pensantes. Tomando decisiones certeras y firmes. Pareciera que nos dice: “¿Para qué te sirve escaparle a los sentimientos? ¿Acaso no es mejor afrontarlos y decirlos en alto?”. Si bien su ataque es en la noche, todo indicaría una alianza con el sol, espacio y horas donde podremos expresar lo que se reflexionó durante la noche. ¿Concluiríamos en que la roca nos invita a la introspección y el brillo solar a descaradamente enfrentar en alto lo que nos sucede?

Facundo Verardo D’Agostino

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