
Después de muchos años de análisis, algo fui entendiendo: no siempre hace falta encontrar respuestas.
A veces alcanza con poder sostener ciertas preguntas. Con hacer lugar a nuevos silencios. Con aceptar que hay experiencias que no vienen a explicarse, sino a ser atravesadas.
La montaña tiene algo de eso.
Hay algo que sucede cuando el cuerpo entra en movimiento, cuando el ruido habitual queda atrás y solo quedan la respiración, el esfuerzo y el paisaje.
No porque allí aparezcan certezas, sino porque cambia el escenario. Y a veces, cuando cambia el escenario, también cambia la forma en que nos habitamos.
En ese pasaje, algo se mueve.
No siempre se puede nombrar. No siempre se entiende.
Pero, de algún modo, algo se reordena.
OPINIONES Y COMENTARIOS