Un hilo tibio
Adentro olía a ropa húmeda.
Afuera la lluvia golpeaba la chapa.
Ella miraba el balanceo de la lamparita.
Con cada contracción, la panza se le hacía de piedra.
Alguien preguntó: —¿Llamo a la partera?
No respondió.
En la pared, su primo la miraba desde una foto cruzada por una cinta negra.
—Empujá —dijo la partera.
—¡Dale!
Otra vez el cuerpo encima. La falta de aire. Su primo forcejeando. El disparo.
Un trueno la trajo de vuelta.
Alguien le había puesto la criatura encima. Ella fijó los ojos en un agujero del techo. El cuarto se volvió lejano.
Cuando despertó, el silencio de la casilla le pareció total.
El peso del bebé dormido le apretaba las costillas.
Le apoyó los dedos en el cuello.
Su respiración era un hilo tibio.
Cerró las manos.
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