Recuerdo que nuestro destino para ese día era cazar un venado en un lugar donde comienza la cordillera de los Andes Venezolanos.
Para ese entonces éramos cinco muchachos adolescentes que vivíamos muy cerca del lugar.
En el recorrido nos detuvimos a jugar en una cascada que conseguimos en el camino. En ella se podía ver varios caseríos.
El lugar era fresco; se respiraba un aire que alimentaba todos nuestros sentidos. Nos llenaba el alma. De allí se podía ver varios caseríos con enormes sembradíos.
Recuerdo también; que cada uno de nosotros llevaba consigo un rifle.
Cazar era parte de lo cotidiano; porque para la época era normal que a nuestra edad tuviéramos un rifle.
De repente mire hacia unos arbustos, justo al lado de nosotros estaba un venado mirándonos con tristeza. El sabía que sí se acercaba mucho sería su fin .
Sentí lástima por el. Continúe jugando.
Al poco rato volví a mirar y estaba en el mismo lugar inmóvil mirando.
Lo miré fijamente a los ojos; su mente se fusionó con la mía. Me dijo que quería jugar con nosotros; pero que tenía mucho miedo; porque su mamá le había advertido que se cuidara de los humanos.
Enseguida le dije que no se preocupara que hablaría con mis amigos para convencerlos que se olvidarán de la cacería.
Al terminar de decirle todo aquello escuche un disparo. Era uno de mis amigos que aprovechando la distracción del venado le disparó.
Yo que todavía estaba en su mente. Sentí en forma espantosa su muerte.
Fin.
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