Me senté en el borde de la barda, lo mire atentamente, movía las manos elocuente, con los ojos castaños anaranjados por el sol estival de media tarde, una brisa apenas perceptible movía su cabello en el jopo partido al lado, la barba rala de dos o tres días, los dientes encaramados, pero muy blancos, los labios carnosos pero un poco secos , se detenía en su hablar a ratos, para asegurarse que le prestaba atención , intentaba explicarme convencido y apasionado cosas que ya sabía eran mentiras , pero que me sacaban una sonrisa a medias, porque era muy convincente , por entre la tela entreabierta de su camisa color verde muy claro, asomaba un par de pelos y su aroma almibarado y fresco , con dejos de resina de árbol, me llenaba la nariz. Cerré los ojos un instante rememorando cada vez que ese cuerpo cálido me llenó los sentidos, su pantalón de mezclilla se arrugaba , tenia una pierna extendida y la otra cruzada encima de la otra , parecía tan cómodo . En ese instante en que tomó levemente mi mano, me miró fijamente y acercó mi rostro besándome apenas la frente , el impulso fue irrefrenable, lo empujé desde el centro del pecho con toda la fuerza que tenía, lo ví irse hacia atrás aterrado, aleteando sin poder sostenerse de nada , lo miré hasta que golpeó el suelo, levantando una polvareda, con los ojos abiertos fijos , con el cuerpo descalabrado en una posición imposible , ví su sangre correr espesa, cubriendo la tierra, manchandola de un color purpura oscuro, vi los espasmos de su cuerpo agonizante con los músculos luchando, con la vida abandonando por fin .
Agitada aún , con el corazón palpitando en las sienes , con el olor de su cuerpo aún vagando en mi nariz, miré hacia todos lados , no había nadie , caminé por ultima vez hasta el borde de la barda, un bulto empolvado en el fondo de la quebrada , caminé afirmada en las barandas del puente colgante, que cruzáramos tantas veces tomados de las manos, me interné en el bosque donde hicimos el amor mil veces, seguí el sendero hasta el estacionamiento, apretando las llaves de su camioneta , las limpié cuidadosamente, las puse en el arranque y seguí caminando el largo trecho hasta la carretera , ya casi anochecía , me fui bordeando, caminando a paso lento sin prisa , tres o cuatro kilómetros, hasta ver a lo lejos las luces de nuestro restaurante favorito , pase por fuera sigilosa viendo desde la ventana nuestra mesa ocupada por un hombre corpulento . Seguí mi caminata hasta que la noche se me vino encima como una frazada pesada, me detuve unos momentos con las piernas acalambradas , tomé agua e intenté seguir, pero estaba tan cansada que escondida tras unos arbustos me senté en el suelo frío y me quedé allí sintiendo como mi cuerpo respondía al esfuerzo desmedido , un dolor profundo en el muslo y el estomago rugiendo, abrí la cartera y saque un sobre con 10 almendras que llevaba siempre , las apuré con el agua , me quedé quieta y sin darme cuenta me dormí.
Desperté aterida, de madrugada , me dolía el cuerpo como si me hubieran pateado en todos lados , como pude me levante y a rastras llegué a un paradero , había gente ahí, tome el primer transporte que pasó , derrumbandome en el asiento , pagué el pasaje a un lugar al que nunca fui antes y me baje en la plaza , comí algo ligero en un local cercano y recorrí el pueblo con una angustia creciente y una culpa ya macerada . Mi teléfono sonó cerca de las 11 de la mañana, un estremecimiento me recorrió , Marcela la hermana de Mauro llamaba , le tenía aprecio siempre fue linda conmigo.
– Hola ,¿ Marcelo está contigo ?
– No linda , no lo veo desde ayer , no sé donde está, también lo busco , como una grabación oí esas palabras que parecían no venir de mi
– aah ok , si sé algo te aviso
me derrumbé en un banco , luego aun adolorida inicié el regreso a casa.
Desde entonces cada día 19 de febrero, tomo el mismo rumbo y vengo a éste pueblo olvidado a 19 km de donde lo dejé aquel día . Según la investigación era absolutamente imposible que yo estuviese cerca al momento de la muerte , se presume que resbaló y cayó, nadie se explica porque estaba solo allí, ni porque no le comunicó a nadie de aquello Yo asistí al funeral, abrace a su familia, lloré mucho rato al lado del ataúd, fui consolada y apoyada por mucha gente , hasta que por fin el tiempo pasó . Y aquí estoy rememorando aquella caída , su cara de espanto, los aleteos inservibles, el golpe seco , la sangre , el sabor amargo en la boca. Después de 8 años, aquella increíble sensación de tranquilidad y gozo aún me recorre suavemente, con una tibieza incomparable y satisfactoria .
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