Viajeros de un mismo sueño,
arquitectos de un mismo hogar
construido con aciertos,
con errores, con sus más y sus menos,
con sombras y con luces de colores,
con nuestros días alegres y felices,
con nuestros días tristes y rotos.
Pero no es en las grandes cosas
en donde vive el amor,
es en las pequeñas cosas compartidas,
en eso que se piensa y no se dice,
en esa mirada que buscaba la mía
tratando de decirme lo que tu boca no decía,
es el amor en silencio, es el poema sin verso.
Porque esas palabras que no se dicen
son las que gritan ternura en silencio,
las que escriben amor en verso
aunque el día se llene de sombras
y sea el orgullo el que apriete,
un susurro compartido, una mirada que brilla,
grita el amor callado de un corazón que late.
Tu alma desnuda me gusta
cuando el disfraz se torna espuma;
esas caricias que surgen y no esperas
bajo la lluvia callada que alumbra la noche,
siendo musa que siempre me inspira
como una antorcha encendida
que en el oscuro cielo brilla.
Te amo más cuando dudas, tiemblas,
cuando te veo frágil y cierras los ojos,
cuando callas y aprietas los labios,
cuando dejas de lado
ese genio endemoniado,
en el amor callado, en cada verso
que pienso y no siempre te escribo.
No existe el amor perfecto,
a veces hay días oscuros, nublados,
donde no se escuchan las risas, entonces
se prepara un café con azúcar
y ese café ilumina, tranquiliza, cura,
mientras te escribo un poema con dulzura,
el que dicta mi alma, el que escribe mi pluma.
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