Le palpitó el alma,
que se hace oír,
y ahora toma las riendas del corazón.
Hizo que temblara la cordura y volcase, y así reubicarla;
se erizó la piel.
Tales acontecimientos derivan de la siguiente expresión:
Se reveló el alma de su traductor
que nunca entendió de mínimos.
Ambos pertenecen a lo profundo del mar
éste tradujo y la llevó a la orilla.
No pertenecen a ella,
pero sin estrellas en el cielo, es fácil perderse en el mar.
Así quedó allí,
a medias,
donde rompen las olas
el alma se ahogó.
Y cuando quedó menos que un reducto
sin piel,
palpitó profunda
desde la médula; se manifestó el autómata.
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