Dos palabras de agua

Dos palabras de agua

LeónRots

08/05/2026

por LeónRots. 

La mayoría de los días pasan sin impacto —sin ese golpe que mueve todo—, aunque existen instantes pequeños y luminosos, que cambian el rumbo. Así como el de aquella noche.

[Oscuridad. Un hombre solo en su habitación escribiendo a tientas]

Llovía como nunca. Yo escribía «París desde tu cuerpo». Acto seguido, sentí un nudo en el pecho. Entonces me pregunté: ¿será agosto, será la lluvia? Cuánto coraje hay que tener para llegar hasta ese lugar dónde todo se pierde, dónde todo cambia. Donde nosotros —los de antes— ya no somos los mismos.

[Por la mañana una orquídea se abre en el jardín. Tal vez son dos. Él las observa con ternura infinita]

Elijo creer que siempre es de a dos.

Creer que nuestro amor sigue intacto, que a dónde sea que vayamos somos dos y que tal vez así, nuestra historia se mantiene perfecta en algún rincón de la memoria o del corazón.

“Tu futuro está comenzando”, dice una. La otra se abre lentamente.

[Mediodía, manos cortando verduras, el sonido del cuchillo sobre la tabla.]

No buscaba nada. Ni novias. Ni amigos. Solo cocinaba, leía y escribía. Y hablaba conmigo mismo. Una especie de locura doméstica, cotidiana.

Entre la cocina y la facultad todo parece un palíndromo. El aroma del ajo se saltea con el de la tierra mojada. Y no puedo dejar de escribir.

[Un eco suave del interior. Habla poco, dice mucho]

Existían muchas vidas para no conocernos. Sin embargo, acá estamos, a muchos kilómetros, pero juntos de alguna manera. Profundamente unidos por un vínculo ininteligible pero poderoso.

[La vida y su magia llegaron esa noche]

Aunque me seduzca tu mente y me enloquezca tus piernas: me gusta más cuando abrís el corazón… sentirte mojada de emociones, empaparte el alma con palabras, escucharte suspirar la vida en un gemido —esos son los orgasmos que me gusta provocar en vos.

Lo nuestro es otro tipo de placer. Podría pasar una eternidad o dos y aún querría tenerte acá en mi cama, entre mis brazos… en todos lados.

Te escribo para tocarte el alma porque hay caricias que viajan en versos o en sueños. 

A nadie sentí tan cerca…

Te voy a recordar todos los días.

[Un café humea, la ciudad afuera. Puede ser Jujuy o Bogotá, incluso, París]

—Porque un amor así nunca se olvida, como la canción que nunca escribiste —dice ella sonriendo—. Que locura ver mi boca tatuada en tu pecho y además no puedo creer que te tomara tres semanas decirlo.

Ahora lo creo mi amor. Eres alimento para el alma. Somos dos barquitos de papel flotando bajo el mismo cielo… nunca olvides que estamos hechos para grandes cosas.

[Él, en cambio, habla de tristezas, de miedos, de oscuridad. De muerte. Ella escucha. Nada es lo que parece]

El mundo a veces es una mierda, y aún así estás vos, opacando todo eso con tu hermosura, peleándola cada día como un girasol salvaje que brilla por un instante con luz propia entre los tornasoles.

[Llega la despedida. Violín y violonchelo en do menor]

En esa época la luz no dolía tanto. Así que empecé a escribir después, como ella me dijo.

Ella sospechaba que tenía talento,

tal vez porque podía ver el futuro. No sé. Lo que sé es que ella me inspiró. Ella me hizo escritor.

Y yo creo en ella y en su recuerdo. También creo que algunas preguntas se quedarán sin respuesta como el secreto que aún se guarda en las orquídeas.

[Dos siluetas caminan bajo la lluvia]

¿Ya dije que llovía? No, diluviaba.

Aquella noche volvió a mi memoria —con el sonido que hacían las gotas al impactar la tierra— cuando le dije dos palabras de agua.

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