La canción que detuvo al fuego (Placer Vicario)

La canción que detuvo al fuego (Placer Vicario)

Clauddie Crown

08/05/2026

Tus manos, brújulas de un deseo arcano,

trazaban mi piel con fervor profano.

El aire gemía, febril, expectante,

mientras tu boca invadía mi instante.

Yo, temerosa del vértigo eterno,

quise salvarnos del fuego interno;

tu aliento, absorto, buscaba mi centro,

y yo, sin huir, te cerraba el encuentro.

Detuve tus dedos —astros errantes—,

y en tus pupilas, mares vibrantes,

vi el filo sutil de un alma en guerra,

que amaba mi cielo, mas ansiaba mi tierra.

“Detente”, susurré, con voz contenida,

mientras la sombra rozaba mi vida.

Y tú, como un dios suspendido en el duelo,

titubeabas entre carne y cielo.

Cuando intentabas detenerte,

pude sentir la serenidad de la furia

que había detrás de tus ojos.

Era un incendio hecho de calma pura,

una amenaza vestida de arrojos.

Por un instante creí en la tragedia:

en el goce que todo lo asedia,

en la ruptura del lazo invisible

que une el deseo con lo incorruptible.

Mas sonó la canción, celeste, lejana,

y el verbo se alzó sobre la carne humana.

Tus labios, aún presos de su conjuro,

cantaron despacio, con tono oscuro.

Me besabas y al mismo compás,

la letra sagrada te devolvía paz;

la música obraba su alquimia secreta,

y tu fuego cedía su saeta.

Te vi retornar, humano y consciente,

la bestia dormida, el alma presente;

mi miedo se abrió como flor nocturna,

bendita por luna, salvada de urna.

Y quedamos quietos, suspendidos,

en la frontera de los sentidos;

la noche, sagrada, guardó aquel emblema:

del deseo contenido… nació el poema.




Octubre 2025

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