A veces, los versos más hermosos nacen del dolor más profundo. La mente tiene la capacidad de mirar aquello que nos hiere y transformarlo en palabras que se deslizan lentamente sobre el teclado, como si cada letra cargara una parte del alma. Divaga entre la realidad y la fantasía, acortando la distancia entre ambas, hasta hacer que el dolor se vuelva casi tangible para quien lee lo escrito.

Ahora mismo me siento dentro de un hoyo, en un lugar donde recoger mis pedazos y volver a unirlos parece una tarea imposible. Aquello a lo que me aferraba, lo único que me daba paz, se está desmoronando frente a mí. Y aun así, en medio de este caos, quiero creer que con paciencia, tiempo y mucho amor volveré a reconstruirme.

Entonces, cada cicatriz dejará de ser una marca de caída para convertirse en un puente; un puente que me llevará más allá de mis propios límites, hacia una versión de mí que aún no conozco, pero que está esperando al otro lado del dolor.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS