El caido

Cansado de versos, de tinta y de herida,

el errante juguetea con el hilo final;

ese tenue susurro que sostiene su vida

frente al peso absoluto de un mundo irreal.

Tentado al olvido, a no ver la mañana,

pues las promesas de ayer son hoy el veneno;

cada palabra antigua se siente lejana

y el eco de otras promesas no es más que un trueno.

Clamó hacia lo alto, de forma inconsciente,

pidiendo una señal a un Dios en penumbra;

y esperó bajo el frío, con paso indolente,

buscando una chispa que nunca se alumbra.

Mas el cielo es de piedra y el juicio es severo:

no hubo milagro, ni luz, ni respuesta;

solo una caída, un dolor verdadero,

donde la conciencia hace más larga la cuesta.

Cae con los ojos abiertos, atento,

mirando el vacío que lo ha de acoger;

un Dios que permite su cruel sufrimiento

haciendo del descenso su único ser.

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