La soledad permanece en mi corazón en un pueblito a las orillas del Magdalena, donde existe la devoción para pedir novios y novias a su santo patrono en la iglesia donde el llanto cura las penas mientras los trabajadores camellan ante el inclemente sol que adorna sus calles que luego se vuelven arroyos al momento de caer un aguacero torrencial.
Rayos y centellas iluminan el Magdalena en las tardes y noches de agosto cuando el sol se oculta aparecen nubarrones en medio de un tornado que provoca que en medio de la soledad sus techos vuelen como hojas de papel al momento del sonido extraño que asusta a sus habitantes en aquel pueblito donde el sol brilla pero que se oculta con el sonido de aguaceros tropicales que causan rayos que estallan como la dinamita los cuales se ven en el cristal de las ventanas de sus casitas de zinc .
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