El tiempo pasa y mi historia cuenta,
que el uno fue calma, un lienzo en blanco.
Pero el dos, tan pronto, vino a doler.
Mis tres pilares, los que creí firmes,
no se pudieron reparar.
Mas en la sombra, cuatro almas hallé,
que con su amor mi carga soporté.
Cinco lágrimas rodaron sin control,
senderos salados en mi lento crisol.
El seis sembró un nuevo color,
mientras que el siete, un día pesado y solitario en mí cayó.
Hasta que el ocho despertó y gritó.
Quebrado mi ser, en el nueve se perdió.
En diez abrazos vino el apoyo y la lealtad,
y con once pasos firmes en un nuevo sendero volví a despertar.
Mas doce decisiones errantes me trajeron nuevo dolor,
donde un trece reencuentro, la paz regresó.
Catorce, un sol en mi cielo pintó.
Con quince gestos, el amor a mi alma dio.
Dieciséis obstáculos sin fin,
diecisiete misterios sin cerrar se quedaron al avanzar.
En dieciocho pedazos comenzó la reconstrucción,
y el diecinueve, a mi lado, una melodía cantó.
Veinte llegó con un adiós helado,
veintiuno marcó tu ausencia, aquel amor que no era.
Veintidós, tu voz trajo, y comencé a soñar,
sin saber que él quería que todo terminara mal.
Y el veintitrés, al final, con un escudo,
el recuerdo amado de lo que no fue,
la sombra del veintitrés.

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