Sofía sabe lo que tiene. Aparenta, maniobra, aprovecha cualquier oportunidad. Después de todo, ese cuerpo representa una inversión con la cual ha obtenido enormes beneficios. Siempre fue bonita, pero, por alguna razón, sentía que no era proporcionada. Faltaba algo abajo, arriba, alrededor. Con el tiempo ha pagado las cirugías que conceden la debida simetría corporal, pero sigue faltándole algo y no logra identificarlo. Entonces llegan los tratamientos faciales, los masajes reductores y alguna inyección.

También llegan los años. Ella lo entiende. Trata de engañarse con lujos, viajes, más operaciones y nuevos procedimientos, pero sabe que lo único real, lo que le espera en la calle de enfrente, es ese vacío que nunca fue capaz de llenar.

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