correspondencia personal

Corazón,

Ni en mis más salvajes sueños hubiera podido anticipar estos acontecimientos. Llegaste como un torbellino a mis dominios, como un ave que buscaba desesperadamente refugio del frío, de los vientos nocturnos y de la intemperie.

Poco a poco fuiste recobrando fuerza… hasta que pudiste volar de nuevo.

Ahora que estás aquí —y a la vez ya emprendiendo tu vuelo—, lo único que me queda es desearte lo mejor. No me retracto de nada de lo que he dicho antes. Siempre tendrás un hogar aquí, porque eres familia… la familia que uno elige.

Y mientras el tiempo, implacable, avanza para todos nosotros, solo queda decir: hasta pronto.

Este castillo se llenó de júbilo una vez más, y ha recordado la misión que, de alguna forma —por designio antiguo o moderno—, se nos ha dado.

Esta noche, cuando estés en tus aposentos, repasando lo vivido —lo bueno y lo no tanto—, recuerda esto: siempre existe un lugar al cual volver. Un lugar al cual llamar hogar. Y ese lugar… es aquel que tú decides que lo sea.

Vuela, pajarillo.

Este jardín se ha engalanado con tu presencia. Pero ya sabes… las cosas buenas, a veces, también saben despedirse.

Que tu canto alegre las mañanas, tanto de niños como de adultos. Cuida a los tuyos. Y si alguna vez deseas devolver la gentileza, hazlo con quien lo necesite.

Porque aunque a veces el mundo diga lo contrario… no hay nada que ame más que al ser humano y su capacidad de cambiar, de crecer, de convertirse en algo más.

El que se queda en el castillo y ora por tu bienestar
(aunque no sea muy creyente),

M

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS