Cuando leí Escritura(s) se produjo un proceso casi automático de pensar, reflexionar y sobre todo de recordar cómo era escribir cuando era niño. Tomar el lápiz, escribir, borrar, dejar huellas en la hoja. Hoy, la escritura digital me permite corregir una y otra vez, quizás se ganan algunas cosas, pero se pierden otras: la espontaneidad y naturaleza de lo que sale en el momento, sin tanta perfección y pulcritud. En eso estamos de acuerdo con el autor, en que la forma cambia, y con ella, la experiencia de escribir. A través de su texto nos invita a hacer un recorrido flash histórico de la escritura y cómo se produce un cambio en la forma de narrar y pensar.

Por el año 2006 tuve uno de los primeros acercamientos a las “redes sociales”, hace apenas un par de años que teníamos en la casa un computador con internet y pasamos de escribir en procesadores de texto a estas nuevas formas de comunicarnos: plataformas interactivas como Fotolog #bocadillo, MySpace y MSN Messenger, donde escribir significaba algo más inmediato. Fue en estos espacios donde la palabra ya comenzaba a convivir con imágenes, estados, emoticones y códigos, anticipando lo que hoy entendemos como lenguaje híbrido.

Sin saberlo, este uso intuitivo de la escritura digital implicaba seleccionar, sintetizar y proyectar una identidad frente a otros; el solo acto de poder colocar una foto de perfil, una descripción de quién era, subir una foto por día publicando o subir canciones en formato mp3 para hacer difusión del coro al que pertenecía, todo iba en la misma dirección, las pantallas estaban cambiando la forma de comunicarnos.

Las herramientas retóricas que tengamos ya no bastan en su esencia, como escribir y expresarnos bien, es necesario combinar formatos para estar presentes. He tenido que replantear la forma de comunicarme, de comprender qué significa cada elemento, o cómo se podría interpretar algún símbolo.
Es evidente que nos enfrentamos a una revolución digital y debo reconocer que estas nuevas formas de escritura abren posibilidades que antes no tenía. Escribir diferente hace que inevitablemente se piense diferente, sin embargo, la necesidad de expresar es la misma, cambian los formatos, nos adaptamos, aprendemos, pero seguimos comunicando.
En términos de la retórica las partes como inventio, dispositio, narratio, elocutio no desparacen, sino mas bien se reconfiguranen función de las nuevas posibilidades expresivas. La inventio se amplía al incorporar no solo ideas, sino también recursos multimodales.#bocadillo La dispositio, se transforma en la arquitectura de la información #bocadillo La elocutio integra modos visuales y simbólicos. La narratio termina con lo lineal dando paso a trayectorias de lectura según el usuario.
Comparto la visión del autor de plantear la escritura digital como reactivante de una dimensión icónica que ha estado presente desde sus orígenes. Desde la infancia contar una historia implica naturalmente el uso de palabras, dibujos, imágenes o incluso sonidos.

Es curioso como esta actividad me produjo una especie de «deja vu» cuando alguna vez tuve la intención de hacer páginas web, porque estaba el mismo lenguaje, la misma dinámica de diagramar, seleccionar material, armar una guía de navegación para que el usuario pudiera pasearse a su antojo y volver las veces que quisiera. Tomando el papel de escritor teníamos la facultad de armar un camino con varias salidas y recorridos dejando en manos del otro decidir cómo quería explorar.
Después de reflexionar y darle unas cuantas vueltas a las escritura(s) me pregunto cómo será dentro de 100, 200 o 500 años la forma en que el ser humano se relacione y adapte a las nuevas formas de «escribir». ¿Dejará de ser algo que hacemos para convertirse en algo que simplemente ocurra como extensión del pensamiento? ¿será híbrida y multisensorial? ¿se podrá digitalizar la conciencia y comunicar será compartir estados mentales completos?
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