La historia de mi vida

La historia de mi vida

Sofía Erazo

25/04/2026

La historia de mí vida 

Capítulo 1: Donde todo comenzó

Mi nombre es Karen Sofía Erazo Botina, y mi historia comenzó en una ciudad llena de montañas, frío y vida: Pasto. Nací el 31 de octubre del año 2007, un día que para muchos es especial, pero que para mí marcó el inicio de todo lo que soy hoy.

Desde el comienzo, no estuve sola. Llegué a una familia grande, de esas donde siempre hay voces, risas, apoyo y compañía. Crecí rodeada de mis papás, mis abuelos, mis tíos y mis primos. Cada uno, a su manera, fue parte de mi mundo, de mi crecimiento y de la persona en la que poco a poco me fui convirtiendo.

Mi infancia podría describirse con palabras sencillas pero llenas de significado: fue feliz, tranquila y amorosa. Hubo momentos de paz, de juegos, de cariño sincero… de esos que no se olvidan. Aunque, como en toda historia real, también hubo pequeños retos que la hicieron un poco difícil en algunos momentos. Pero nada que apagara la luz de lo que en esencia fue una niñez bonita.

No puedo elegir un solo recuerdo, porque mi infancia está hecha de muchos momentos especiales. Son como pequeños fragmentos de felicidad que se quedaron guardados en mi memoria: risas, reuniones familiares, momentos simples que, sin darme cuenta, se volvieron importantes.

Tal vez no hubo un hecho difícil que marcara mi niñez profundamente, pero sí hubo experiencias que poco a poco fueron formando mi carácter, enseñándome sin necesidad de grandes golpes que la vida es una mezcla de todo: de lo bueno, lo tranquilo y lo que nos hace crecer.

Así comenzó mi historia… una historia sencilla, pero llena de amor desde el primer mo

mento.

Capítulo 2: Mi vida en el colegio

Entrar al colegio fue una mezcla de emociones. Recuerdo ese primer día con claridad: tenía miedo, pero también emoción. Había algo de tranquilidad en mí, como si en el fondo supiera que todo iba a estar bien. Y, a pesar de todo, siempre iba con una sonrisa, como una forma de enfrentar lo desconocido.

Desde pequeña fui una niña tímida. Hablar con los demás no era fácil para mí. Mientras otros hacían amigos con naturalidad, yo me quedaba en silencio, observando, sintiendo ese miedo que no se explica pero que se siente fuerte por dentro. No fue una etapa de muchas amistades; en realidad, nunca tuve amigos como tal durante esos años. Y aunque a veces eso dolía, también fue parte de lo que me hizo ser quien soy.

En el colegio fui esa estudiante callada, juiciosa, que cumplía con lo suyo sin hacer mucho ruido. No necesitaba ser el centro de atención. Mi mundo era más interno, más tranquilo, más mío.

Hubo momentos en los que me sentí sola, diferente… como si no encajara del todo. Son sensaciones que no siempre se dicen en voz alta, pero que dejan huella. Aun así, seguí adelante, día tras día, con esa misma sonrisa que me acompañó desde el inicio.

Si hay un momento que guardo con especial cariño, es mi último primer día de colegio, en grado once. Ese día no fue como los demás. Tenía un significado distinto. Era el comienzo del final de una etapa que, aunque no fue perfecta, fue completamente mía.

A lo largo de estos años, hubo personas importantes: profesores, compañeros, incluso la rectora. Tal vez no siempre desde la cercanía, pero sí desde lo que cada uno aportó a mi proceso, a mi crecimiento, a mi historia.

Y si tengo que resumir lo que el colegio me dejó, diría algo muy simple pero muy cierto: me dejó todo. Me dejó aprendizajes, recuerdos, emociones, momentos buenos y otros no tanto, pero todos necesarios. Porque al final, cada uno de esos días construyó una parte de mí.

Capítulo 3: Mis emociones, mis cambios y lo que he superado

No todas las historias están marcadas por grandes dolores, y la mía es una de ellas. No hubo una sola experiencia que me rompiera emocionalmente o que dejara una herida profunda. Mi historia ha sido más tranquila en ese sentido, y eso también es parte de lo que soy.

Pero eso no significa que no haya cambiado.

Hubo un momento importante en mi vida donde algo dentro de mí empezó a transformarse: cuando llegué al instituto técnico sur colombiano. Ese lugar no solo fue un cambio de entorno, sino también el inicio de una nueva versión de mí misma.

Durante mucho tiempo fui una persona tímida, reservada, con miedo a hablar o a acercarme a los demás. Pero poco a poco, sin darme cuenta, empecé a dar pequeños pasos. No fue fácil, no fue rápido, pero fue real. Empecé a socializar, a abrirme un poco más, a intentar cosas que antes me costaban demasiado.

“Aquí voy”, podría decir… porque no fue un cambio de un día para otro, sino un proceso que aún sigue.

En medio de todo, siempre he tenido personas que han sido mi base emocional: mi mamá, mi papá, mi abuela… mi familia. Ellos han estado ahí, siendo apoyo, compañía y fuerza en los momentos que más lo he necesitado, incluso cuando yo no decía mucho.

He superado muchas cosas, tal vez no grandes a los ojos de otros, pero sí importantes para mí. Cosas internas, silenciosas, de esas que solo uno entiende. Y cada una de ellas me ha hecho sentir orgullosa, porque sé lo que me ha costado.

Hoy soy una persona más fuerte, más segura de mí misma. Sigo siendo un poco tímida, sí, pero ya no soy la misma de antes. He crecido, he cambiado, y sigo en ese proceso de descubrirme, de construir me, de aprender a ser yo sin miedo.

Y eso, sin duda, es uno de mis mayores

Logros.Capítulo 4: Mis sueños, mi presente y la persona que quiero ser

Hoy, mi vida es diferente. Puedo decir que soy feliz. Ya no me siento sola como antes, y aunque el camino no ha sido perfecto, siento que poco a poco voy avanzando.

Actualmente estoy estudiando servicios farmacéuticos en el Instituto Técnico Sur Colombiano, una etapa que ha marcado un cambio importante en mí. Este proceso no solo me ha enseñado cosas académicas, sino también personales. Antes, hablar en público era algo que me daba mucho miedo, me paralizaba. Y aunque todavía siento ese miedo, ya no es el mismo. Ahora lo enfrento, ahora lo intento… y eso ya es un gran paso.

Sé que quiero seguir creciendo. Quiero continuar estudiando algo relacionado con la salud, construir un futuro estable y conseguir un trabajo que me permita salir adelante. No tengo todo completamente definido, pero tengo algo más importante: las ganas de lograrlo.

Cuando pienso en mi futuro, me imagino cumpliendo mis sueños. No como alguien perfecta, sino como alguien que no se rindió, que siguió adelante incluso cuando las cosas no eran fáciles.

Quiero ser una persona fuerte, segura de sí misma, pero también amable, humilde y capaz de ayudar a los demás. Quiero seguir creciendo sin perder mi esencia, sin dejar de ser esa persona tranquila, pero ahora con más voz, más confianza y más valor.

Si pudiera hablar con mi yo del pasado, con esa niña tímida y callada que tenía miedo de acercarse a los demás, le diría:

«Tranquila, todo va a estar bien. No tienes que cambiar quién eres para encajar. Tu proceso es diferente, pero también es valioso. Un día vas a sonreír sin miedo, vas a sentirte más segura y vas a darte cuenta de que todo lo que estás viviendo te está haciendo más fuerte.»

Y si pudiera hablar con mi yo del futuro, le diría:

«Espero que estés orgullosa de todo lo que has logrado. No olvides de dónde vienes, ni todo lo que te costó llegar hasta ahí. Sigue siendo fuerte, sigue creyendo en ti, y nunca dejes de intentar, incluso cuando tengas miedo.»

Esta no es solo mi historia… es el comienzo de todo lo que aún me falta 

por vivir.

Capítulo 6: Mis miedos e inseguridades

A lo largo de mi vida he tenido miedos que han estado presentes en distintos momentos, pero uno de los más grandes ha sido hablar en público, especialmente frente a mis compañeros. Es algo que me genera nervios y me hace sentir expuesta, como si todas las miradas estuvieran sobre mí.

Esa misma situación sigue siendo algo que, en ocasiones, me cuesta y me hace sentir insegura. No es algo que haya desaparecido por completo, sino algo que todavía estoy aprendiendo a manejar poco a poco.

Cuando me enfrento a esos momentos, mi cuerpo reacciona: tiemblo, me pongo nerviosa, siento esa mezcla de emoción y miedo que no siempre es fácil controlar. Es una sensación que aparece sin avisar, pero que poco a poco estoy aprendiendo a reconocer.

Sin embargo, también he notado un cambio. Aunque el miedo sigue ahí, ya no es tan fuerte como antes. He mejorado un poco, he avanzado, y ahora soy capaz de intentarlo, incluso con nervios. Eso ya es un paso importante para mí.

Este proceso me ha enseñado que no se trata de no sentir miedo, sino de seguir adelante a pesar de el 

Capítulo 7: Momentos simples que me hicieron feliz

En mi vida no siempre han sido los grandes eventos los que me han marcado, sino muchas cosas simples que, sin darme cuenta, me han hecho feliz.

Hay muchos momentos que recuerdo con cariño, pequeños instantes que se quedan en la memoria sin necesidad de ser extraordinarios, pero que para mí han tenido un valor especial.

En mi día a día, encuentro felicidad en cosas sencillas. Me gusta escuchar música, porque me ayuda a desconectarme y a sentirme en calma. También disfruto ir al gimnasio, ir al instituto, estudiar y compartir tiempo con mis compañeros. Son actividades normales, pero que hacen parte de mi rutina y me dan equilibrio.

Dentro de todo eso, hay un lugar donde siento una tranquilidad especial: el instituto. Allí, aunque a veces haya nervios o retos, también encuentro momentos de paz, aprendizaje y crecimiento. Es un espacio que poco a poco se ha vuelto parte importante de mi vida.

Este capítulo me recuerda que la felicidad no siempre está en lo grande, sino en lo cotidiano, en lo simple, en lo que a veces pasa desapercibido pero deja huellas 

Capítulo 8: Mis amistades y lo que aprendí de ellas

Hoy me siento bien y feliz con la forma en la que he ido empezando a socializar. Es un proceso que no fue inmediato, pero que poco a poco me ha permitido abrirme más a los demás y sentirme más cómoda en compañía.

En una amistad, valoro todo. Para mí no hay cosas pequeñas cuando se trata de las personas: cada gesto, cada palabra y cada momento compartido tiene importancia.

Durante mucho tiempo fui una persona más tímida y reservada, y aunque eso hizo parte de mi historia, con el tiempo aprendí algo importante: no era tan difícil como yo pensaba empezar a conectar con otros. Solo era cuestión de dar pequeños pasos y animarme a intentarlo.

Hoy en día, tener personas con quienes compartir me hace sentir feliz. Me siento más acompañada, más abierta y con más confianza en este proceso de construir relaciones.

Este capítulo me enseña que las amistades no llegan todas de una vez, sino que se van formando poco a poco, con tiempo, paciencia y disposición

Capítulo 9: Lo que me hace única

Si hay algo que puedo decir sobre mí, es que soy diferente. No porque sea mejor o peor que los demás, sino porque cada parte de mí, cada experiencia, cada forma de sentir y de pensar, me hace única. Y eso es algo que con el tiempo he aprendido a reconocer.

No necesito compararme, porque entiendo que mi historia, mi forma de ser y mi proceso son solo míos.

Dentro de mí hay cualidades que valoro y que han crecido con el tiempo. Soy una persona fuerte, aunque a veces no lo note. Soy amable, porque me importa cómo hago sentir a los demás. Soy responsable, porque sé lo importante que es cumplir y salir adelante.

Pero también soy consciente de que aún tengo cosas por mejorar. Y no es algo negativo, al contrario, es una señal de que sigo creciendo. Porque reconocer que “todo” puede mejorar, también significa que estoy abierta a aprender, a cambiar y a ser cada día una mejor versión de mí misma.

No soy perfecta, pero soy real.

Y eso es lo que me hace 

única.

Capítulo 10: Lecciones que me ha dejado la vida

A lo largo de mis 18 años, he aprendido muchas cosas. Tal vez no podría nombrarlas todas, pero cada experiencia, cada etapa y cada momento han dejado algo en mí.

La vida no siempre enseña de forma directa. A veces lo hace en silencio, en lo cotidiano, en los pequeños cambios que uno va teniendo sin darse cuenta. Y así ha sido conmigo: poco a poco he ido aprendiendo, creciendo y entendiendo mejor quién soy.

Si tuviera que darle un consejo a alguien que está pasando por lo que yo viví, le diría algo sencillo pero muy importante:

“No te desesperes por tu proceso. No todos avanzamos igual, y eso está bien. Ser tímida, ir lento o sentir miedo no te hace menos. Date tiempo, confía en ti y da pequeños pasos… porque un día te vas a dar cuenta de todo lo que has logrado.”

Hoy entiendo que la vida no se trata de ser perfecta, sino de aprender en el camino. Y aunque todavía me falta mucho por vivir, sé que todo lo que he pasado hasta ahora ha tenido un propósito: ayudarme a crecer.

En mi vida hay muchas personas a las que quiero agradecer.

A mi familia, por estar siempre ahí. A mis papás, por su apoyo, su amor y por todo lo que han hecho por mí. A mis profesores, por cada enseñanza, por su paciencia y por haber sido parte de mi crecimiento. Y a cada persona que, de alguna forma, ha pasado por mi vida y ha dejado algo en mí.

No tengo una sola razón para agradecer… agradezco por todo. Por lo bueno, por lo que me enseñó, por lo que me ayudó a crecer y por cada momento que formó parte de mi historia.

Pero también hay alguien a quien no puedo dejar por fuera: yo misma.

Me agradezco por no rendirme, por seguir adelante, por enfrentar mis miedos, aunque muchas veces haya sentido nervios o dudas. Me agradezco por cada pequeño logro, por cada paso que he dado, incluso cuando parecía difícil.

Porque aunque muchas veces no lo note, yo también he sido parte de mi propio proceso.

Capítulo 12: Cierre de mi historia (por ahora)

Mi vida no ha sido perfecta, pero ha sido mía. Llena de momentos simples, aprendizajes, cambios y crecimiento.

Si tuviera que resumir mi historia, diría que ha sido un proceso de aprender, de cambiar y de convertirme poco a poco en una mejor versión de mí misma.

Hoy puedo decir que me siento orgullosa de quién soy. No porque ya tenga todo resuelto, sino porque sé cuánto he avanzado. Porque pasé de ser una niña muy tímida, con miedo, a una persona que, aunque todavía siente nervios, ya se atreve a intentarlo.

Y eso ya es un logro.

Este libro no es el final de mi historia… es solo una parte. Porque aún me quedan sueños por cumplir, metas por alcanzar y muchas cosas por vivir.

Y si algo tengo claro, es que voy a seguir adelante, paso a paso, a mi ritmo, pero sin rendirme.Capítulo 13: Mis pensamientos en silencio

Cuando estoy sola o en silencio, mi mente se llena de muchas cosas. Son pensamientos que van y vienen, algunos claros, otros confusos, pero todos hacen parte de mí.

No siempre digo todo lo que siento. Hay emociones que guardo, especialmente cuando estoy triste. Son sentimientos que a veces prefiero callar, no porque no importen, sino porque forman parte de ese mundo interno que solo yo conozco.

El silencio, para mí, tiene dos lados. A veces me gusta estar sola, porque me permite pensar, sentir y estar tranquila conmigo misma. Pero otras veces también necesito compañía, reír, hablar o simplemente no sentirme sola.

He aprendido que ambas cosas están bien. Estar sola no siempre significa estar triste, y estar acompañada no siempre significa sentirse completamente llena. Es un equilibrio que poco a poco voy entendiendo.

Este capítulo es eso: una parte de mí que no siempre se ve, pero que también existe 

Capítulo 14: La versión de mí que estoy construyendo

Hoy puedo decir que estoy cambiando. No de una forma brusca, ni perfecta, pero sí real. Siento que estoy mejorando en muchas cosas, en mi forma de pensar, de actuar y de enfrentar la vida.

Estoy aprendiendo a cuidarme más, tanto física como emocionalmente. Poco a poco he ido creando hábitos que me hacen bien: hacer ejercicio, tomar más agua, intentar abrirme a los demás y hacer amigos. Son cambios sencillos, pero que tienen un gran significado para mí, porque antes no eran tan fáciles.

Este proceso no se trata de convertirme en alguien diferente, sino de construir una mejor versión de mí misma sin dejar de ser quien soy. Una versión más segura, más abierta, más consciente.

Me gustaría que la gente pudiera notar muchas cosas de mí, pero más allá de eso, quiero que se vea mi esfuerzo. Ese intento constante de crecer, de cambiar lo que puedo mejorar y de seguir adelante, incluso cuando no es fácil.

Porque al final, no se trata de ser perfecta… se trata de avanzar.

Y eso es exactamente lo que estoy haciendo.

Capítulo 15: Lo que aún me da miedo, pero voy a intentar

Aún hay cosas que me dan miedo, y una de ellas es hacer amigos. Aunque he avanzado, todavía es un reto para mí abrirme completamente y sentirme segura al conectar con otras personas.

También hay situaciones que me generan nervios, como salir sola o ir al instituto por mi cuenta. Son cosas que pueden parecer simples, pero para mí representan pasos importantes, decisiones que implican enfrentar mis propios miedos.

Sin embargo, hay algo que tengo claro: aunque me dé miedo, quiero intentarlo.

Porque he aprendido que el miedo no desaparece de un día para otro, pero sí puede hacerse más pequeño cuando uno decide enfrentarlo poco a poco.

Y si tuviera que darme palabras de valor, me diría:

«Tú puedes. No tienes que hacerlo perfecto, solo tienes que intentarlo. Cada pequeño paso cuenta, y aunque sientas miedo, eso no significa que no seas capaz. Confía en ti, porque ya has avanzado más de lo que crees.»

Este capítulo no habla de alguien sin miedo… habla de alguien que, a pesar del miedo, decide seguir adelante.

Y esa persona soy yo.

Capítulo 16: Mi promesa conmigo misma

Después de todo lo que he vivido, de cada etapa, de cada cambio y de cada pequeño logro, hoy quiero hacerme una promesa.

Me prometo seguir adelante. Seguir intentando, incluso cuando sienta miedo. No detenerme por inseguridades, sino avanzar poco a poco, a mi ritmo, pero sin rendirme.

Me prometo creer más en mí. Recordar que soy capaz, que he crecido, y que todo lo que he logrado hasta ahora no ha sido casualidad, sino esfuerzo.

También me prometo algo muy importante: no quiero volver a dejar que el miedo tome el control de mi vida. El miedo va a estar, lo sé, pero no quiero que sea él quien decida por mí. Quiero ser yo quien tome mis propias decisiones, aunque a veces tiemble, aunque a veces dude.

A partir de ahora, quiero tratarme con más amor. Con más paciencia. Dejar de exigirme tanto y empezar a reconocer mis avances, por pequeños que sean. Hablarme bonito, confiar en mí y entender que estoy en proceso.

Porque no se trata de ser perfecta… se trata de ser constante, de ser valiente a mi manera, de no abandonarme.

Y hoy, más que nunca, elijo eso.

Elegirme a mí.

Frase final del libro:

«No soy perfecta, pero soy real… y estoy orgullosa de la persona en la que me estoy convirtiendo.»

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