Esto necesita un poco de contexto; soy de la generación que antes de diez años saldremos del mercado laboral, aquellos que comimos tierra y sobrevivimos, que nuestro territorio era la EGB, que no te avisabas para quedar, simplemente llegabas al sitio y había quien había. Un inmigrante digital, nos llaman. Eso sí, también tuvimos nuestros entrenamientos de pulgares para escribir rápido.

Por eso mi opinión va a estar sesgada por mi pasado y por como veo cómo nos comunicamos hoy en día. Dice Ramón C. que la forma cambia y el significado lo hace también. Hay nuevas formas de comunicarnos, sí, no haré el estupido ejercicio de negarlo, lo que yo veo que se suma a lo que ya tenemos. No vamos a dejar de hacerlo como hasta ahora. Ponía el ejemplo, en su audio, de si sus alumnos escribirán una novela de la misma forma que interactuamos ahora.

Estoy escribiendo esto un 24 de abril, el día después del mejor día del año, al menos en Catalunya. Ayer salimos a la calle a decirnos nuestro amor a través de verbo, flores y libros. Nos inventaremos nuevas formas de decirnos las cosas, pero no veo el motivo para perder lo que mejor sabemos hacer.

Y el significado no cambia, puede cambiar como lo entregamos, pero el significado va a seguir dependiendo de nuestra manera de ver el mundo. De cómo pensamos. Quizás sí que cambie para aquellos que se dejan llevar por razonamientos ajenos, pero me niego a pensar (y tengo suficientes elementos reales para pensarlo) que las nuevas generaciones, como la de la hija de Ramón, se limiten a verlas venir. 

Una reflexión sobre todo esto. Y veo a Aristóteles y quizás piense que hablar, escribir y comunicar debe ser el modo para llegar a la gente e influir, para ser visto y ver, para escuchar y ser escuchado. Una forma de estar en el mundo.

Lo que se nos presenta es un espacio donde cada vez tenemos más herramientas para decir y ser dichos. Estuvimos en las cavernas y nos dió por dibujar. Nos contamos historias para crecer de forma oral. Eruditos crearon unos códigos y supieron plasmarlo en papel de forma hermosa para que las enseñanzas tuvieran futuro. Luego quisimos llegar a más gente y nos inventamos como copiar lo mismo para todos. Y el mundo pareció que se hacía más pequeño y que todo estaba más cerca. Y nos invenatmos máquinas que llenaban renglones sin destruir lapices. Y llegó lo digital y la rapidez y la creatividad desbordante y la luz azul en dispositivos que nos caben en los bolsillos. Nada ha cambiado, tenemos nuevas maneras de hacer llegar el mensaje, pero no hemos dejado de dibujar y de contarnos historias sentados alrededor de un fuego.

Porque queremos que el significado de decir no se altere por la forma, ¿que la enriquezca? tal vez. Sin cambiarlo.

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