Salí a un café por la mañana, después de desgastar mi cuerpo entre las calles
un maldito susurro, un viento estrepitoso
todo para mí eras tú, la vida un futuro
dime cómo, ¿Para vivir cómo le haces?
El joven tan amable pudo notar mis extensas ojeras
‘¿Está usted bien muchacha del norte tan risueña?’
A usted que le importa, hubiese querido responderle
¿Qué culpa tenía?
Golpearlo, gritarle, de todo quería hacerle.
¿En qué me he convertido? No era su cruz el cargar con mis motivos, el solo servía con una gran sonrisa y mi gesto le ha corrompido, solo pago, tomo el café y me voy a una esquina resentido.
Maldito café me provoca sueño, maldito café no me aceleras ni me atiendes al cielo, quisiera entender porqué brotan fácilmente las lágrimas desde mi pecho, me duelen los ojos y todo se nubla y se vuelve incierto.
‘¿Está usted bien muchacha del norte tan cabizbaja?
no he podido evitar mirarle con la cara desencajada
¿Le gustaría hablar de lo que hace entristecer a su cara?
no quiero ser inoportuno, pero he vivido lo que le pasa’
¿Qué culpa el tenía?
Tomé el café entre mis manos y esbocé una sonrisa
le dije tranquilamente que estaba cansada de la vida
¿Le ha pasado sentir que no tiene empatía?
¿Le ha pasado sentir que no puede continuar sin llorar cada día?
¿Qué culpa el tenía?
Curioso sus ojos se abrieron, me miraron de arriba hacia abajo
cual fue mi sorpresa… era el quien se encontraba llorando.
‘Muchacha permítame explicarle con la vergüenza más grande
yo extraño a la mujer de mi vida, la mejor amante
me escribía cartas y me hacía sentirme en el aire
creía que podía recuperarla y alguien ha venido a arrebatarle’
¿Qué culpa el tenía?
Con tristeza me acerqué a el y sin pena le extendí un abrazo
con fuerza me sujetó y lloró en mi costado
me pedía perdón por hablar,
me pedía perdón por llorar
le dije que no había nada que perdonar
mejor es tener heridas que no volver a amar.
La curiosidad le palpitaba en la frente mientras las lágrimas secaba
‘Muchacha dígame que le tiene tan inerte,
cada mañana llega por lo mismo de siempre
no habla con nadie, no sonríe ni asiente
¿Qué le acongoja en la vida y la muerte?’
¿Qué culpa el tenía?
Con la más grande de las cargas le miré desconsolada diciendo:
a mí me han arrebatado al esposo de mis sueños
yo no era novia, era esposa de cielos
todo me daban, todo di y ahora no queda nada
¿Entiendes a lo que me refiero?
Se lo han llevado, ya no me quiere
lo intenté todo y arriesgué mi pecho
me rompí para armarle un techo
y sin pensar la lluvia me deshizo el cabello.
.
Y fue así como mi café mañanero se convirtió en algo somero
Un muchacho llorando al compás del suelo,
una muchacha observándolo sin sentir recelo
un muchacho explicando todo lo que le dolía en el pecho
una muchacha del norte escuchando sin miedo
pobre hombre, ¿Qué le habrán hecho?
Al intentar ofrecerle del café frío que yacía en mis manos
me miraba con una tímida risa sonrojado
‘no me gusta el café, prefiero té rojo y rosado
¿Quieres probar algo que hoy he intentado?’
Se recogió el mandil y lo dobló en sus manos
me enseñó el pasillo de expresos y affogatos
y al final del pasillo había ya sembrados
en macetas manzanillas, rudas y avocados.
‘Esta es mi vida, me encanta sembrar lo que se me ha dado
Me gusta el té, el rojo y el morado
ella era más de café, cerros y soñados
¿Quieres decirme el nombre de tu amado?’
Sorprendida le miraba con angustia,
¿por qué hace tantas preguntas absurdas?
¿Es un hombre tonto que no se guarda ni las puntas?
Al decirle el nombre quedó perplejo y asombrado
me miró de nuevo de arriba hacia abajo
me mostró tu foto, te conocía de este año
maldita coincidencia, nos habían ilusionado.
.
Vaya día tan más absurdo fue este,
te conocía de lejos, no te había visto de frente
tú le habías arrebatado al amor de su vida
y mi sueño con ella también se iba.
Que cosa tan más extraña
que plantas tan más altas
todo se perfuma con su llanto
con la historia de una montaña,
el muchacho era alto, fuerte y castaño
la muchacha era pequeña, débil y soleada
se miraron con los ojos llenos de lágrimas
se pidieron perdón por un pecado que no terminaba.
.
Al final olvidé mi café en una silla
pero aprendí como sembrar manzanilla,
le gusta el té, lo rojo y lo rosado
le gusta la tranquilidad y sentirse amado
¿Qué culpa tenía?
Lo único que desea el ser humano
es sentirse querido y deseado
¿Qué culpa tenía?
Yo solo iba por mi café
terminé llena de sermones, coincidencia y más dolores
ahora cargo con su historia
una entre mil millones
de sembradíos y amores
de angustias y temores.
Así es el ser humano,
tan empático, dudoso y temeroso
tan curioso, ingrato y honrado
tan desgraciado, inteligente y apagado
lo único que entendí hoy
es que todos quieren ser amados.
.
-Kristel.
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