En ese lugar, lejos de todo,
donde la oscuridad toma lo que has querido,
yace un río que lleva las almas de aquellos que no sienten nada.

Te sientas a la orilla; es lo que quieres.
Es todo lo que has anhelado,
más de lo que has podido ver en sus corazones.
Sentirás todo aquello que has soñado y has destruido.

Los ojos de piedra y pies de aves corren con miedo antes de caer;
chocan antes de desfallecer en sus inexplicables sueños.
Lo sé, sus visiones son reales aquí;
como en los sueños, no son lo que parecen aquí.

Era sobre una vez, hace mucho tiempo atrás…
Ahogaré todos tus lugares,
porque en todos los otros lugares será profundo.
Estás bajo este caer eterno desde ahora.

Aquí en la orilla, mientras sus canciones ahuyentan las voces,
pon aquí tus restos y deberías correr como el fuego detrás de él.
No volveré, tus pies tampoco.
Toma de su mano y de mí y no mires hacia allá.

Déjame ir de ti.
El río te lleva lejos con sus largos esperados brazos;
suena bajo la tormenta, bajo todo.
No culpas, no arrepentimientos que duelen;
detrás de esas colinas ya no te culpan.

La dócil noche te adormecerá.
Los pies cesan al caer sin sentir ni oír el tiempo que mataba lo que sentías.
Todo se ha ido y se ha convertido en estruendos,
que suenan como nueces partiéndose como rocas.

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