Joy to the world, the Lord is come. Let Earth receive her King. Let every heart prepare Him room. And Heaven and nature sing. And Heaven and nature sing…
Era el segundo día de diciembre más helado en toda la capital. Las calles estaban tapizadas por la densa nieve que continuaba bajando desde el cielo en una portentosa danza. Aunque Lucy encontraba fascinante la forma de los copos, así como la belleza natural que los paisajes adquirían, odiaba con vehemencia la sensación del frío violento sobre su cuerpo. Más que nada por la incapacidad de moverse con libertad, como si el frío decembrino aprisionara con sus manos huesudas cada uno de sus músculos y le succionara todo el calor de sus órganos vitales.
Por fortuna, existían prendas de vestir térmicas y acolchadas que le permitían conservar un poco de calor. Y con ello, podía salir a la ciudad para distraerse con los luminosos adornos navideños.
Joy to the Earth, the Savior reigns. Let all their songs employ. While fields and floods, rocks, hills and plains. Repeat the sounding joy. Repeat the sounding joy.
Se ajustó la bufanda y se subió el cierre de la chamarra hasta arriba. Cubrió su cabeza con un gorro tejido y escabulló las manos cubiertas por guantes bajo los bolsillos. No deseaba que ni una sola corriente de aire frío ingresara a su campo de calor, incluso, optó por usar una mascarilla que le cubriera la nariz también.
A un ritmo apaciguado, la Estrella de la Mañana caminó con la vista puesta en el horizonte. Esa noche, la oscuridad era abismal, no había luna que iluminara su andar, aunque no era necesario gracias a las miles de luces con las que se cruzaba en cada esquina.
Joy to the world, the Lord is come. Let Earth receive her King. Let every heart prepare Him room. And Heaven and nature sing. And Heaven and nature sing.
Los villancicos se escuchaban más cerca conforme sus pasos avanzaban sin rumbo fijo. Encontró a los cantantes en el centro de la plaza, portaban atuendos típicos de la Navidad y estelas de vapor salían expulsadas de sus bocas en cada respiración. Lucy decidió quedarse a escuchar un par de canciones más, dejando que el frío le golpeara los ojos al mismo tiempo que la nostalgia se anidaba en uno de los ventrículos disponibles.
Suspiró, entonces, presa de un vacío que aletargó sus movimientos de regreso a casa.
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