Por. Karol Bolaños
En esta experticia de culpar al aire, la tierra y el fuego interno por todas las cagadas de la vida, se empieza a ver desde afuera, como los muertos que dejaron el alma perdida en el mundo, se ven todas las consecuencias de lo inconcluso, abandonado o deshecho.
Se ha asumido cuanta responsabilidad toca por las injusticias de cada acto hiriente y cada decisión perturbadora.
Entonces, el cuerpo no aguanta más todo lo atrapado y toda la rabia congelada en el acto de seguir viviendo por agradecimiento a la existencia quiere salir.
Sería lo más justo en medio de tanta injusticia que, cuando se sienta algo salga y sin el miedo a ser condenado se pueda reparar hasta la equivocación. Sin embargo, resulta difícil aceptar que el error y el acierto son extremos humanos, y que todas las emociones son necesarias, incluso el miedo que nos protege.
Igual, siempre desde el lugar menos esperado se intenta resistir. Es por eso que, como cuando se tiene mal de ojo se requiere empezar por el llamado de la persona para situarse en el inicio del ritual. Como el mal de ojo nos lo hemos hecho a sí mismos mirándonos al espejo, la carga que se lleva puede ser muy pesada, así que, el llamado es ante todo una liberación del alma y el perdón.
El primer llamado es a aceptar la vida con todo lo que ella tiene; el segundo llamado es a aceptarnos tal y como somos, y tratarnos con ternura; el tercer llamado es a aceptar aquellos seres humanos que nos rodean, nos cuidan y también tienen sus fragilidades; el cuarto llamado es a aceptar el error como una lección necesaria; el quinto llamado es a dejar la culpa como motor incendiario de nuestra cotidianidad; el sexto llamado es a actuar acorde a nuestras decisiones, aceptando todo lo que ellas traen; el séptimo llamado es a regalarnos momentos para revisar el plan y cambiarlo cuando sea necesario; el octavo llamado es a dejarnos ayudar cuando la fuerza nos abandone y nuestro espíritu decaiga; el noveno llamado es a corregir esos comportamientos que volvemos habituales pero somos plenamente conscientes que nos dañan y dañan a otros; y el décimo llamado es a retomar todo lo abandonado que nos hace felices para darle motivación al espíritu.
Evidentemente, parece una tontería de aquellas que leemos en cualquier libro de superación personal que solo contiene discursos, teorías o metodologías irrealizables en personas comunes y corrientes. Sin embargo, se carece de conocimientos técnicos para demostrar su efectividad como en el caso de aquella literatura. Esto es simplemente un compartir. Si algo le sirve a cualquiera, entonces, la palabra escrita volverá a cobrar sentido en la vida.
OPINIONES Y COMENTARIOS