Condesa del olvido

Condesa del olvido

Ema UB

19/04/2026

Antes de que te quites la ropa, sírvete una copa de vino, hay una botella de Merlot destapada justo sobre el escritorio, como verás yo ya me he servido, quizá dos o quizá tres. No me gusta esperar, la cita debía concretarse a las 15h00, son las 16h00 y en esta hora de tiempo libre en la que la imaginación es libre de divagar, crear o destruir; he pensado. He pensado en mí, he pensado en ti, en el gato y en esa gente que camina por allí afuera, aunque debo reconocer que recordar las peripecias del gato me ha entretenido más de lo que ha hecho tu propio recuerdo y eso quizá no es tan bueno para esta especie de relación que tenemos. El exceso de pensar me hace traer a este tiempo mi siempre inconformidad con esta forma de ser tuya. Debo decirte que, eres un encanto, pero también eres un bastardo cuando quieres serlo. Tus dos versiones me agradan lo suficiente como para mantenerme todavía contigo, pero en los últimos días tu versión bastarda está ganándole a tu otra versión, como yo lo veo nos queda poco tiempo.

¡Por favor!

Sírvete, no te quedes como inerte. Sé que comprendes mis palabras en una proporción y otra parte se pierde en tus deseos. Si, estoy usando la lencería que te agrada, aquella de color borgoña como el vino que no bebes, justamente de ese color, como el vino que no bebes. Sabes, en alguna ocasión mientras lo hacíamos pensaba; cómo será hacerlo todos los días después del trabajo hasta hacernos viejos. Reconozco que fue un pensamiento invasivo, poco usual que quizá llegaba a esa instancia a la que llaman compromiso, ¿verdad? Seguramente eso fue.

¡No bebas con miedo!

Santo Dios, esa cara tuya, no me agrada cuando tus ojos se llenan de incredulidad, pareces una zarigüeya asustada en medio de la noche y créeme, no soy fan de esos animales.

¿Cuánto tiempo ha pasado? No mucho, verdad. Me pregunto si disfrutas estar conmigo o es que solo lo haces por una especie de obligación de los domingos en la tarde. A veces, creo que lo haces por obligación, para satisfacer una parte de tu placer y para cumplir con este papel que te has autoimpuesto, este papel de amante. Honestamente eres un buen amante, no lo dudes, que pena que sea la última vez.

Se quitó la bata, caminó en su dirección y sin dudar le mordió el cuello, como ese mordisco que da el lobo hambriento al ciervo recién fallecido. Como un animal que tiene hambre y que encuentra saciedad solo en la carne.

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