Hay un momento extraño, que no sabés cuándo empezó, en el que todo sigue igual por fuera, pero por dentro algo dejo de responder. Te despertás, caminás, hablás, incluso te reís cuando corresponde, pero es como si alguien hubiera bajado el volumen de lo que sentías.
No duele, y eso es lo raro. Porque cuando dolía, al menos sabías que algo estaba vivo. Ahora no hay nada que señalar. Solo una calma incómoda, como un silencio que pesa más que cualquier ruido.
Intentás llenarlo. Pasás horas mirando una pantalla, salteando videos, cambiando de canción, de reels, de conversación, como si en algún momento algo fuera a hacer clic otra vez. Pero no pasa. Todo entra y sale sin dejar marca, como si fueras impermeable a la vida.
Y entonces aparece esa pregunta que no tiene respuesta clara: ¿en qué momento dejé de estar acá?
No hubo ruptura, ni caída, ni escena dramática. Fue más sutil. Como una luz que se va apagando sin que nadie toque el interruptor. Un desgaste silencioso. Una acumulación de días en automático. No sabes cómo, pero en algún momento la vida paso rápido y se fueron meses o incluso años.
Te ves en el espejo y sabés que sos vos. Pero también sabés que algo no está. Sabes que hay una distancia entre quien eras y quien sos ahora, y no sabés cómo cruzarla.
Y lo más difícil no es el vacío que hoy junto a eso sentís, sino que ya te acostumbraste a él.
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