A los mentecatos no suelen citarlos en los libros de Historia. 

Esta frase sugiere una provocación: que la irrelevancia o la incompetencia condenan al olvido. En el caso de Donald Trump, plantea algo más incómodo: hay figuras cuyo comportamiento deja una huella profunda precisamente por su capacidad de degradar normas que antes se consideraban básicas.

En el plano personal, Trump ha hecho de la impulsividad y la confrontación su sello distintivo. Su estilo ha estado alejado de la contención que podría esperarse de un jefe de Estado. Ha pasado por la descalificación sistemática, el uso de insultos, la provocación y una relación problemática con la verdad. Es una forma de ejercer el poder que hace que la realidad sea algo moldeable a su conveniencia.

En el ámbito político, su presidencia no solo rompió consensos, sino que en muchos casos lo hizo sin ofrecer alternativas coherentes o sostenibles, debilitando las normas democráticas fundamentales.

Trump representa otro fenómeno: el de un líder cuya relevancia histórica no proviene de su altura política, sino de su dinero y de su capacidad para tensionar los límites del sistema mundial. 

La historia probablemente no lo olvidará, pero tampoco lo citará en los libros de Historia por mentecato. 

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