El sueño de volar

Cuando la determinación se confunde con la obstinación

Un pequeño ratoncito siempre soñó desde chico con poder volar. Miraba el cielo desde la abertura de su pequeña cueva construida por sus padres y contemplaba aves volando sobre él.

Se alegraba mucho y decía «algún día yo volaré como esas aves», pensaba señalando un ave que en ese instante volaba sobre él.

Sus padres nunca lo dejaban salir, «estás muy pequeño aún», le decían.

Un día, tomando el descuido de sus padres, se decidió y con gran entusiasmo y determinación salió.

Preparó con ramas y hojas algo que, desde su perspectiva, simulaban ser alas. Intentó varias veces el ajuste, y luego de horas de trabajo, logró completar su Proyecto.

Había logrado diseñar un par de alas largas que podría mover con pequeñas patitas.

Agitando lo que ahora eran sus nuevas “alas”, se subió a una loma muy alta y mirando hacía el vacío saltó.

A medida que caía entendió el error, pero era tarde, sus esfuerzos por volar sosteniendo dos hojas de árbol resultaban en vano, cayendo a gran velocidad, mientras él insistía en mover sus alas.

Pero cuando ya casi estaba por golpear el suelo ocurrió algo increíble, de repente algo lo sujetó y lo comenzó a elevar y él aprovechó y ajusto sus alas para poder planear.

Desde el cielo ya estando más alto, miraba todo con gran asombro; miraba los ríos, los árboles, las montañas y solo podía sentir que estaba viviendo el mejor momento de su vida, nunca había sido tan Feliz, a lo lejos miraba a sus padres mover sus patitas y se decía -ahora ven que si lo logré-, sonriendo de contento.

Sentía su sueño realizado y cerrando sus ojos sentía el viento acariciar su rostro, mientras el águila se lo llevaba a su nido para alimentar a sus pichones.

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