No encontraba las palabras correctas para describir como me sentía y me refugié en mi métafora más hermosa y se las quiero compartir:

«El amor es como el mar. Es inmenso, a simple vista no se ven sus limites, aunque los tiene. Puede parecer calmo pero rápidamente puede volverse bravío. 

Te puede absorber hacia el fondo o impulsarte a salir. Es frío o cálido, lo sabes sólo una vez adentro.

Nunca vas a conocer realmente su profundidad, incluso aunque intentes nadar profundo. Descubrirás lugares oscuros pero también estará lleno de cosas hermosas. 

Tenes que tenerle respeto y no confiarte de más. Las olas pueden abrazarte o hacerte desaparecer si te quedas más de lo que debías. No todo mar será tu refugio. 

Mi mar hoy esta en caos. Las olas por momentos marcan limites claros y por otros, no tienen un sólo sentido. Lo miro sintiendo la añoranza de que en algún momento lo sentí como mi casa, pero entiendo también que decidí salir a la orilla porque estaba a punto de hundirme para siempre. 

Hoy elijo mirar ese mar de lejos, pero mañana se verá más calmo, el agua será más clara y podré ver mis pies, incluso bajo las olas. Tendré la certeza de dónde estoy pisando. 

Mañana podré entrar al mar sin miedo porque tengo claro donde me lleva. Hoy sólo toca esperar en la orilla a que las olas se calmen, a que el agua se esclarezca y su intensidad parezca más manejable.»

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS