El sol del mediodía, me recuerda las  tardes de insomnio,

abrazo apasionado el campo helado de frío, 

con mis cortos brazos.

Los pájaros con su alegría contenida, volaban por las calles y

metían su gratitud en un cofre lleno de plumas secas,

para amortiguar la caída.

La felicidad es  frágil.

Yo soñaba despierto como todo el mundo,

con los ojos llenos de  cristales blandos

 e imaginando que esa suerte estaba bien encerrada.

Cuando me marché ya el sol se tornaba de un ambarino triste.

Sin hacer ruido, se metió debajo de la ciudad

y se durmió en silencio.

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