Puedo sentir la suavidad de las flores de cerezo sobre las palmas de mis manos. Quiero conocer sus secretos, sus admiraciones, sus temores. Quiero saber si el rosa es su color favorito o si preferirían ser azules; ¿son cálidas, alegres, tímidas? ¿Me regalarían un momento de su bendita protección para resguardar a mi novio del imponente sol?
Cuando termino de usar el jipsu para lograr florecer profusamente el árbol de cerezo, la sombra que se proyecta sobre el pasto es suficiente para cubrir el cuerpo de Víctor que yace sentado con las piernas dobladas.
—¿En qué piensas cuando usas tus poderes? ¿Imaginas lo que quieres lograr? —pregunta mientras me mira desde abajo, sus ojos índigo son más opacos ahora gracias a la luz natural.
Me parece algo extraño cuando menciona que son mis poderes, considerando que es gracias a Auryn que soy un Elarian. De forma instintiva, tomo el amuleto con mi diestra y lo pego a mi pecho. Es una costumbre que he adquirido para sentirme, de alguna manera, seguro.
—Depende del elemento al que quiero recurrir —me acuesto boca arriba junto a él, acomodando la cabeza sobre su regazo, por lo que termina por estirar las piernas—. Hablando sobre el agua, sí imagino la forma que le quiero dar. En cuanto al viento y a la tierra, es más como una plática casual entre amigos. Y con el fuego todo es intenso y emocional. El secreto no es pensar en controlarlos, sino pedirles permiso, apelar a su favor.
Estiro el brazo para alcanzar su mejilla y así dedicarle suaves caricias. De inmediato, Víctor cierra los ojos, curvando los labios en una sonrisa. Aunque la primavera ha empezado a teñir los paisajes de varios colores, la pálida y lechosa tez de mi vampiro sigue siendo la tonalidad que más disfruto de observar; elegante, misteriosa, atractiva.
—¿Tienes un elemento favorito? —vuelve a preguntar, pasando sus dedos por mi cabello.
—Tú eres mi elemento favorito.
—Cursi.
Mi sonrisa es traviesa y se vuelve enamorada cuando Víctor junta sus labios con los míos en un dulce beso. A nuestro alrededor, las flores de cerezo caen en una lluvia sútil que nos abriga hasta el atardecer.
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