All of us are dead

All of us are dead

DaelBeek

25/03/2026

Estamos acorralados en el gimnasio del colegio. La única salida es pasar por un tumulto de zombies desenfrenados antes de que lleguen aún más y quedemos condenados a sufrir el mismo destino que ellos.

El líder, o el chico que tomó ese rol, ideó un plan para salir ilesos hacia la puerta de emergencia. No me molesta seguir sus órdenes, prefiero que alguien me diga qué hacer en lugar de ponerme en la situación incómoda de debatir por la mejor opción.

Entonces, armados con herramientas que encontramos en el cuarto del conserje y protegidos con una barrera casera, nos dirigimos cautelosamente hacia la salida. Yo contengo mi respiración, las gotas densas de sudor resbalan por el puente de mi nariz, mis músculos se tensan y los vellos de mi nuca se erizan.

Un paso en falso es todo lo que necesitamos para terminar muertos.

Por alguna razón, alguien estornuda, llamando así la atención de todos los zombies cuando hemos estado a escasos metros de llegar a nuestra libertad temporal.

El líder grita: ¡Apénguese al plan!, por lo que yo anclo los pies al suelo y sujeto con fuerza la barrera, mis compañeros hacen lo mismo hasta que el impacto de aquellas agresivas criaturas nos hace trastabillar. Una mujer, la profesora de Historia, nos brinda palabras de aliento mientras nos movemos con dificultad.

Los compañeros más altos se dedican a propinar golpes a los zombies con tubos, buscando de alguna forma amortiguar su ataque. En el siguiente instante, nos encontramos completamente imposibilitados para avanzar, pues la horda cada vez es más intensa. Escucho quejidos, gruñidos espantosos; veo manchas de sangre, ropa hecha jirones, los rostros desfigurados y violentos de los zombies. Es extraño pensar que antes eran alumnos con los que alguna vez me llegué a topar, ahora no son más que muertos vivientes.

De pronto, mi corazón se detiene por un momento. Frente a mí hay un zombie que escupe sangre y lucha con desenfreno para atravesar la barrera que sostengo con esfuerzo. Pero este zombie es especial, lo reconozco. Lo reconozco de todas esas veces que metió mi cabeza al escusado, de todas las veces que me molió a golpes y me humilló sin remordimiento alguno. Reconocería su asqueroso y macabro rostro aunque tuviera mil quemaduras.

Me hierve la sangre, mi saliva se llena de veneno. ¿Es por la ira o por lo que estoy a punto de hacer? De uno de mis bolsillos del pantalón saco una navaja que he encontrado tirada durante el primer ataque. Con ella, apuñalo a ese zombie varias veces y la mejor parte es que él ni se inmuta, no puede defenderse porque está maldito; así que procedo a enterrar la navaja todas las veces que me antoja sin temor a ser reprendido.

Los demás están demasiado ocupados para reparar en mí. Aunque mi compañero de al lado nota mis acciones. ¿Se estará preguntando si deben cuidarse de los muertos, o más bien, de los vivos?

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