MinJoon salió de la casa echando humo por las orejas. Sentía miedo, la incertidumbre de si estaba haciendo lo correcto le hizo dudar un momento antes de abrir la puerta del auto.
—Si vuelves a ver a esa mujer, dejarás de ser mi hijo —su madre le espetó desde el marco de la puerta.
Entonces, la infancia de MinJoon apareció frente a sus ojos. Todas esos días de escuela cuando el secretario Hwang lo recogía en lugar de su propia madre, las veces que lloraba solo en su habitación, cuando observaba a los demás niños siendo refugiados en los cálidos brazos de sus madres, cuando se esforzaba por ser el primero en su clase para enorgullecer a su madre y lo único que obtenía era una mueca torcida en sus labios. Recordó todas las veces que anheló tener a su madre presente en lugar de esa fría mujer.
MinJoon, el heredero de la compañía multimillonaria de Seúl, cerró los ojos y tensó la mandíbula. Luego, volteó a ver esa mujer que ahora se proclamaba su madre y por primera vez en su vida, tomó una decisión para sí mismo.
—Tú nunca fuiste mi madre.
En seguida, se subió al auto y condujo rápidamente hacia la escuela de dobles de acción. En todo el camino tuvo un único pensamiento: Hana. Ella le había dado toda la felicidad que le fue negada tiempo atrás, ella fue quien lo sacó de su egoísmo y arrogancia, ella fue quien le mostró la otra cara del mundo. No existirá nada que pueda compararse a eso, ni siquiera todo el dinero.
Sin molestarse en estacionar adecuadamente el auto, bajó de él y entró al edificio con la respiración entrecortada. Buscó con la mirada a Hana hasta que finalmente la encontró. Su pelo corto, la apariencia poco femenina, su frente arrugada por el entrenamiento; la determinación en sus acciones, la amabilidad de su presencia, la sinceridad en su sonrisa. Micah no se imaginaba pasar el resto de su vida sin ella.
—¡Hana! —MinJoon se acercó corriendo.
—¿MinJoon? ¿Qué haces aquí? —cuestionó ella, sorprendida de verlo de imprevisto—. Pensé que tu madre te había prohibido…
—Eso ya no importa —interrumpió él—. Lo que importa ahora eres tú y estos sentimientos que me están volviendo loco.
MinJoon la tomó de las manos y continuó:
—Quiero estar contigo, Hana. No me interesa si pierdo toda la herencia o mi estatus social ni todos esos disparates en los que antes solía creer. Tú me hiciste una mejor persona y quiero seguir aprendiendo de ti, quiero seguir enamorándome de ti por el resto de mis días. Hana, yo… te amo. Te amo, gracias por llegar a mi vida.
OPINIONES Y COMENTARIOS