Mi amada mujer, me atrevo a usar mis letras para compartir tu legado.
Tu legado como una mujer imperfecta, natural e imprecisa.
Una mujer que se atreve a brindar una sonrisa más allá de las dudas, del temor y las decepciones.
Celebro y celebraré tu vida con todo el gusto posible.
Me ha bendecido el tiempo con tu cariño.
Espero poder brindarte la calidad humana que me obsequias con tanto gusto y devoción.
Con las horas invertidas para platicar, para reír a carcajadas de cada ocurrencia que sale de mi cabeza inquieta.
Me bendice el tiempo con tu compañía tan femenina, llena de paz y alegría.
Una paz que calma mi estrés cotidiano de inmediato. Que no me permite contagiarte de lo que me llega a atormentar en el día a día.
Mi regalo especial, siento tanto que quisiera dedicarte todo y al mismo tiempo, no hacerlo.
A veces no encuentro las palabras para describirte.
Lo que puedo compartir al mundo es tu esencia. La esencia de un corazón hermoso que tiene fé y disfruta de sí misma.
La esencia de vivir cada día como lo que es. Porque vivimos muchas veces, pero estamos seguros de irnos una sola vez para no regresar a nuestra tierra.
Al mundo le gritó tu nombre con todo el amor. Declarando esperanza, más no olvidando lo que se necesita hacer si esa esperanza no llega.
El universo sabe que yo soy egoísta, ambicioso y crudo cuando se requiere. Que disfruto ser el villano cuando el estándar no es como las demás personas lo esperan.
Cuando la injusticia y las actitudes de envidia o dolo acechan sin misericordia tanto mi propia integridad como también, de las almas que amo.
Cuando es necesario decir no; poner límites y priorizar mi bienestar.
Tú te detienes un poco más, eres capaz de creer. De brindarme la utopía del ser y el perdón de los salvadores.
Gracias a ti soy más fuerte, más razonado e intuitivo.
Gracias a tu compañía puede divertirse mi niño feliz.
Gracias a tu bondad puedo descansar entre guerras, peleas y juicios que inundan las calles.
Gracias mi amor por amarme de una manera tan maravillosa. Más allá de mis errores, de mi piel, de los latidos de mi corazón que tanto amas escuchar.
Quiero estar en cualquier lugar en el que tú estés.
Quiero que seas el caramelo que siempre pueda saborear en las tardes de hambre. Cuando me gane el antojo o me dominé el anhelo de abrazarte.
Mi bella mujer, gracias a ti sé que hombre debo ser. Porque lo merezco, lo mereces. Lo merecemos.
Bendiciones para todos los lectores.
Somos muy afortunados en la vida. No es una coincidencia, es un privilegio.
OPINIONES Y COMENTARIOS